Una familia formada por la sana enseñanza
A Tito se le dice qué enseñar a cada grupo —los ancianos, las ancianas que forman a las más jóvenes, los jóvenes y los esclavos—, para que la enseñanza nunca quede desacreditada. La gracia de nuestro Padre se ha manifestado, enseñando a vivir rectamente ahora mientras se espera la manifestación de Cristo.
2 1Pero tú, habla lo que es propio de la sana enseñanza. 2Los ancianos han de ser sobrios, dignos, dueños de sí mismos, sanos en la fe, en el amor y en la paciente perseverancia. 3Las ancianas, asimismo: profundamente respetuosas en su conducta, no calumniadoras, no esclavas del mucho vino, sino maestras de lo bueno, 4para que enseñen a las jóvenes a amar a sus maridos y a amar a sus hijos, 5a ser dueñas de sí mismas, puras, cuidadosas de su casa, buenas, sumisas a sus propios maridos, para que la palabra de nuestro Padre no sea injuriada.
6Asimismo, exhorta a los jóvenes a que sean dueños de sí mismos. 7En todo preséntate como ejemplo de buenas obras, con integridad y dignidad en tu enseñanza, 8con palabras sanas e irreprochables, para que el adversario se avergüence, sin tener nada malo que decir de nosotros.
9Los siervos han de someterse en todo a sus propios amos, agradándolos, sin contradecirlos, a a v9 Estas instrucciones se dirigían a las personas esclavizadas dentro del orden social romano del primer siglo. 10sin robar, sino mostrando plena y buena fidelidad, para que en todo adornen la enseñanza de nuestro Padre, nuestro Salvador.
11Porque la gracia de nuestro Padre se ha manifestado, trayendo salvación a todas las personas, 12enseñándonos a rechazar la maldad y los deseos mundanos, y a vivir en este mundo presente de manera sensata, recta y piadosa, 13aguardando la esperanza bienaventurada y la gloriosa aparición de nuestro gran Dios y Salvador, Jesucristo, b b v13 Aquí Jesús mismo es llamado «nuestro gran Dios y Salvador», una de las afirmaciones más claras del Nuevo Testamento de que el Hijo es plenamente Dios. 14quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.
15Declara estas cosas; anima y reprende con toda autoridad. Que nadie te menosprecie.