¡Aleluya!
Un poema alfabético sobre las obras de nuestro Padre: dignas de estudio, hechas a propósito para ser recordadas, fieles y justas. Él alimenta a quienes le temen y guarda su pacto para siempre. El último verso lo vuelve práctico: este temor es donde empieza la sabiduría.
111 1¡Aleluya! Alabaré a nuestro Padre con todo mi corazón, en compañía de los rectos y en la asamblea. 2Grandes son las obras de nuestro Padre, estudiadas por todos los que se deleitan en ellas. 3Esplendor y majestad hay en su obra, y su justicia permanece para siempre. 4Ha hecho memorables sus maravillas; nuestro Padre es clemente, y su corazón está lleno de compasión. 5Da alimento a los que le temen; se acuerda para siempre de su pacto. 6Ha mostrado a su pueblo el poder de sus obras, dándoles la heredad de las naciones. 7Las obras de sus manos son fieles y justas; todos sus mandamientos son dignos de confianza. 8Se mantienen firmes por los siglos de los siglos, cumplidos con fidelidad y con integridad. 9Envió redención a su pueblo; decretó su pacto para siempre. Santo y temible es su nombre. 10El temor de nuestro Padre es el principio de la sabiduría; todos los que lo practican alcanzan buen entendimiento. Su alabanza permanece para siempre. a a v10 Aquí el temor significa reverente admiración y profundo respeto, no terror ni espanto.