Paz y esperanza por medio de nuestro Padre
Ser hechos justos produce paz con nuestro Padre, y Pablo ve en el sufrimiento una evidencia y no una contradicción: forma perseverancia, carácter y esperanza. Cristo murió por nosotros cuando aún éramos enemigos. Luego Adán y Cristo quedan lado a lado: un acto que arruina, un acto que desborda.
5 1Así que, ya que hemos sido justificados por la fe, tenemos paz con nuestro Padre por medio de nuestro Señor Jesucristo. 2Por medio de él hemos obtenido acceso por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gozamos en la esperanza de la gloria de nuestro Padre. 3Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en nuestros sufrimientos, sabiendo que el sufrimiento produce paciencia, 4y la paciencia produce carácter, y el carácter produce esperanza. 5Y la esperanza no nos avergüenza, porque el amor de nuestro Padre ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.
6Cuando todavía éramos débiles, a su debido tiempo Cristo murió por los impíos. 7Difícilmente alguien moriría por un justo, aunque tal vez alguno se atreviera a morir por una persona buena. 8Pero nuestro Padre muestra su propio amor por nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. a a v8 Nuestro Padre prueba su amor en la cruz, entregando a su Hijo por nosotros cuando aún estábamos lejos de él.
9Pues mucho más ahora, habiendo sido justificados por su sangre, seremos salvos por medio de él de la ira. 10Porque si, siendo enemigos, fuimos reconciliados con nuestro Padre por la muerte de su Hijo, cuánto más, ya reconciliados, nos salvará su vida. 11Y no solo esto, sino que también nos gozamos en nuestro Padre por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación.
La muerte por medio de Adán, la vida por medio de Cristo
12Por tanto, así como el pecado entró en el mundo por un solo hombre, y por el pecado la muerte, así también la muerte se extendió a todos, por cuanto todos pecaron. 13Antes de la ley, el pecado ya estaba en el mundo; pero el pecado no se toma en cuenta donde no hay ley. 14Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre aquellos cuyo pecado no fue como la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.
15Pero el don no es como la transgresión: si por la transgresión de uno solo murieron muchos, mucho más la gracia de nuestro Padre y el don por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, abundaron para muchos. 16Y el don no es como el resultado del pecado de aquel uno: el juicio a partir de un solo pecado trajo condenación, pero el don a partir de muchos pecados trajo justificación. 17Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte por medio de aquel uno, mucho más reinarán en vida por medio de uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia.
18Así que, como por una sola transgresión vino la condenación a todos, así también por un solo acto de justicia viene a todos la justificación y la vida. 19Porque así como por la desobediencia de un solo hombre los muchos fueron hechos pecadores, así también por la obediencia de uno solo los muchos serán hechos justos. 20La ley, pues, entró para que la transgresión abundara; pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia, 21para que así como el pecado reinó en la muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna, por medio de Jesucristo nuestro Señor.