Acuérdate, Padre nuestro
Los sobrevivientes hablan juntos y enumeran lo que queda: comprar su propia agua, esclavos que los gobiernan, mujeres violadas, ancianos humillados, la danza convertida en luto. Confiesan el pecado, confiesan que nuestro Padre reina para siempre, y luego preguntan por qué los olvida. No llega respuesta.
5 1Acuérdate, Padre nuestro, de lo que nos ha sucedido; mira y contempla nuestra deshonra. 2Nuestra heredad ha pasado a manos de extraños, y nuestras casas a manos de extranjeros. 3Hemos quedado huérfanos, sin padre; nuestras madres son como viudas. 4Pagamos por el agua que bebemos; hasta la leña nos cuesta dinero. 5Nuestros perseguidores nos pisan los talones; estamos agotados y no se nos da descanso. 6Nos sometimos a Egipto y a Asiria con tal de conseguir suficiente pan. 7Nuestros padres pecaron, y ya no existen; y nosotros cargamos con su castigo. 8Los esclavos nos dominan; no hay quien nos libre de su mano. 9Arriesgamos la vida para conseguir nuestro pan, por causa de la espada en el desierto. 10Nuestra piel arde como un horno, abrasada por el calor ardiente del hambre. 11Las mujeres son violadas en Sion, y las vírgenes en las ciudades de Judá. 12Los príncipes son colgados de las manos; a los ancianos no se les tiene respeto. 13Los jóvenes se afanan en las piedras del molino; los muchachos se tambalean bajo cargas de leña. 14Los ancianos han abandonado la puerta de la ciudad, y los jóvenes su música. 15El gozo de nuestro corazón ha cesado; nuestra danza se ha convertido en llanto. 16La corona ha caído de nuestra cabeza. ¡Ay de nosotros, porque hemos pecado! 17Por esto nuestro corazón desfallece; por estas cosas se han oscurecido nuestros ojos. 18Porque el monte Sion yace desolado; los chacales merodean por él.
19Tú, Padre nuestro, reinas para siempre; tu trono permanece de generación en generación. 20¿Por qué nos olvidas para siempre, y nos abandonas por tantos días? 21Vuélvenos a ti, Padre nuestro, y volveremos; renueva nuestros días como fueron antaño, a a v21 Después de cada clamor de ruina, Lamentaciones termina buscando lo único que puede sanarla: ser vueltos al Padre. Todo el libro se inclina hacia esto: vuelve a casa. 22a menos que nos hayas rechazado por completo, y estés airado contra nosotros sin medida.