En la mano del Padre
Los justos y los sabios están en la mano de Dios, pero una misma muerte llega a todos, y el Maestro la llama el mal que hay bajo el sol. Así que come, bebe y ama a tu esposa durante los días fugaces que nuestro Padre te da, y trabaja con empeño mientras puedas. El tiempo y el azar alcanzan a todos.
9 1Puse mi corazón a examinar todo esto: los justos, los sabios y sus obras están en la mano de Dios. Si es amor u odio, nadie lo sabe; todo está delante de ellos. 2A todos les sucede lo mismo: un mismo destino para el justo y el impío, para el bueno, el limpio y el impuro, para el que ofrece sacrificios y el que no los ofrece. Como al bueno, así al pecador; al que jura, como al que teme jurar. 3Este es el mal en todo lo que se hace debajo del sol: un mismo destino para todos. El corazón humano está lleno de maldad, y la locura llena su corazón mientras viven; luego se van con los muertos. 4Quien aún vive tiene esperanza: mejor es perro vivo que león muerto. 5Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos nada saben; ya no tienen más recompensa, pues su memoria queda en el olvido. 6Su amor, su odio y su envidia ya han perecido; nunca más tendrán parte en nada de lo que se hace debajo del sol.
7Ve, come tu pan con alegría, bebe tu vino con corazón contento, porque Dios ya ha aprobado tus obras. 8Que tus vestidos sean siempre blancos, y que nunca falte el aceite sobre tu cabeza. a a v8 La ropa blanca y ungir la cabeza con aceite eran antiguas señales de gozo y celebración. 9Disfruta la vida con la esposa que amas, todos los fugaces días de vida que Dios te ha dado debajo del sol, todos tus días fugaces; porque esa es tu porción en la vida y en el trabajo con que te afanas debajo del sol. 10Todo lo que tu mano halle para hacer, hazlo con tus fuerzas, porque no hay obra ni proyecto ni conocimiento ni sabiduría en el sepulcro, adonde vas.
11Vi de nuevo debajo del sol: no es de los veloces la carrera, ni de los fuertes la batalla, ni de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los hábiles el favor; pues a todos les llega su tiempo y su ocasión. 12Nadie conoce su tiempo: como peces atrapados en la red maligna, como aves atrapadas en el lazo, así quedan atrapadas las personas en el tiempo malo que cae sobre ellas de repente.
El sabio olvidado
13También vi este ejemplo de sabiduría debajo del sol, y me pareció grande: 14Una pequeña ciudad con pocos habitantes: contra ella vino un gran rey, la rodeó y levantó grandes obras de asedio contra ella. 15Y se halló en ella un hombre pobre y sabio, que con su sabiduría salvó a la ciudad; pero nadie se acordó de aquel hombre pobre. 16Yo dije: «Mejor es la sabiduría que la fuerza», pero la sabiduría del pobre es despreciada, y sus palabras no son escuchadas. 17Las palabras tranquilas de los sabios se escuchan mejor que el griterío de un gobernante entre necios. 18Mejor es la sabiduría que las armas de guerra, pero un solo pecador destruye mucho bien.