Nunca satisfecho
Un hombre puede tener riqueza, honra y cien hijos y aun así no poder disfrutar de nada de ello; el Maestro dice que un niño nacido muerto tiene más descanso que él. El apetito nunca se sacia, la sabiduría no da ventaja alguna, y nadie sabe lo que vendrá después.
6 1Hay un mal que he visto debajo del sol, y pesa gravemente sobre la humanidad: 2Un hombre a quien Dios da bienes, riquezas y honra, sin que le falte nada de cuanto su alma desea; pero Dios no le permite disfrutar de ello, sino que un extraño lo disfruta. Esto es fugaz, una miserable enfermedad.
3Si un hombre engendra cien hijos y vive muchos años—por muy larga que sea su vida—pero su alma no se sacia de bienes, y ni siquiera recibe sepultura, digo que un niño que nace muerto está mejor que él. 4Vino en vano y se va en tinieblas, y las tinieblas cubren su nombre. 5Aunque nunca vio el sol ni conoció cosa alguna, tiene más descanso que aquel hombre. 6Aunque viviera mil años dos veces, sin gozar jamás del bien—¿no van todos a un mismo lugar? 7Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo, su apetito nunca se sacia. 8¿Qué ventaja tiene el sabio sobre el necio? ¿Qué gana el pobre con saber conducirse ante los demás? 9Mejor es lo que ven los ojos que el divagar del deseo. También esto es fugaz, correr tras el viento. 10Todo lo que existe ya fue nombrado, y se sabe lo que es el hombre; y no puede contender con quien es más fuerte que él.
11Cuantas más palabras, más fugaz se vuelve todo, ¿y qué provecho saca de ello el hombre? 12Porque ¿quién sabe qué es lo bueno para el hombre en los pocos días de su vida fugaz, que pasan como una sombra? Porque ¿quién le podrá decir lo que sucederá después de él debajo del sol?