Los cuatro vientos detenidos
Antes de que el daño avance, cuatro ángeles detienen los vientos mientras los siervos de nuestro Padre son sellados. Después, una multitud imposible de contar, de toda lengua, salida de la gran tribulación. Un anciano explica quiénes son: nunca más tendrán hambre, y toda lágrima será enjugada.
7 1Después de esto vi cuatro ángeles de pie en los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplara viento sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol. 2Luego vi a otro ángel que subía de donde nace el sol, y tenía el sello de nuestro Padre viviente. Y clamó a gran voz a los cuatro ángeles a quienes se les había dado poder para hacer daño a la tierra y al mar, 3diciendo: «No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Padre.» 4Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil, sellados de todas las tribus de los hijos de Israel. a a v4 El número 144.000 —doce mil de cada una de las doce tribus— es un símbolo de plenitud, que representa al pueblo entero de nuestro Padre, y no un recuento literal de personas. 5De la tribu de Judá fueron sellados 12.000, de la tribu de Rubén 12.000, de la tribu de Gad 12.000, 6de la tribu de Aser 12.000, de la tribu de Neftalí 12.000, de la tribu de Manasés 12.000, 7de la tribu de Simeón 12.000, de la tribu de Leví 12.000, de la tribu de Isacar 12.000, 8de la tribu de Zabulón 12.000, de la tribu de José 12.000, de la tribu de Benjamín 12.000 fueron sellados.
Una multitud que nadie podía contar
9Después de esto miré, y vi una gran multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, que estaban de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos de ropas blancas y con palmas en las manos. 10Y clamaban a gran voz, diciendo: «¡La salvación pertenece a nuestro Padre, que está sentado en el trono, y al Cordero!»
11Todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a nuestro Padre, 12diciendo: «¡Amén! ¡La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, la honra, el poder y la fortaleza sean a nuestro Padre por los siglos de los siglos! Amén.»
13Entonces uno de los ancianos me preguntó: «Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?»
14Yo le dije: «Señor mío, tú lo sabes.» Y él me dijo: «Estos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus ropas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.»
15Por eso están delante del trono de nuestro Padre, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado en el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. 16Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá sobre ellos, ni calor alguno abrasador. 17Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas de vida; y nuestro Padre enjugará toda lágrima de sus ojos. b b v17 Nuestro Padre mismo —no un ángel, no un siervo— enjuga las lágrimas de los ojos de sus hijos.