El Cordero abre los sellos
Los jinetes salen uno a uno: conquista, matanza, el jornal de un día por una hogaza, y luego la Muerte. Bajo el altar, los mártires preguntan al Padre Soberano hasta cuándo y se les dice que esperen un poco más. En el sexto sello los poderosos se esconden y ruegan a las peñas que caigan sobre ellos.
6 1Vi a Jesús, el Cordero, abrir uno de los siete sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir con voz de trueno: «¡Ven!» 2Miré: un caballo blanco, y su jinete tenía un arco. Se le dio una corona, y salió venciendo, para vencer.
3Cuando el Cordero abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente decir: «¡Ven!» 4Y salió otro caballo, rojo como el fuego. A su jinete se le concedió quitar la paz de la tierra, para que los hombres se mataran unos a otros, y se le dio una gran espada.
5Cuando el Cordero abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente decir: «¡Ven!» Miré: un caballo negro, y su jinete tenía en la mano una balanza. 6Y entre los cuatro seres vivientes oí algo como una voz que decía: «Una medida de trigo por el salario de un día, y tres medidas de cebada por el salario de un día; ¡pero no dañes el aceite ni el vino!»
7Cuando el Cordero abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente decir: «¡Ven!» 8Vi un caballo pálido. Su jinete se llamaba Muerte, y el sepulcro lo seguía. Y se les dio autoridad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con peste y con las fieras de la tierra.
9Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de nuestro Padre y del testimonio que sostenían. 10Y clamaban: «¿Hasta cuándo, Soberano Padre, santo y verdadero, tardarás en juzgar y vengar nuestra sangre en los que habitan en la tierra?» a a v10 «Soberano» es el título que el Nuevo Testamento reserva para la autoridad suprema de nuestro Padre: los mártires apelan a él como aquel que tiene todo el poder para poner las cosas en orden. 11A cada uno se le dio una vestidura blanca, y se les dijo que reposaran un poco más de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos, que habían de ser muertos como ellos.
12Vi al Cordero abrir el sexto sello: se produjo un gran terremoto, el sol se puso negro como tela áspera de crin, la luna llena se volvió como sangre, 13y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos verdes cuando es sacudida por un viento fuerte. 14El cielo se replegó como un rollo que se enrolla, y todo monte e isla fue movido de su lugar. 15Los reyes de la tierra, los nobles, los generales, los ricos, los poderosos, y todo esclavo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes. 16Y decían a los montes y a las peñas: «¡Caigan sobre nosotros y escóndannos del rostro de Dios, que está sentado en el trono, y de la ira del Cordero! 17Porque ha llegado el gran día de la ira de Dios y del Cordero, ¿y quién podrá resistir?»