Pablo fortalece a los creyentes
Pablo habla hasta pasada la medianoche y un joven dormido en una ventana cae muerto desde un tercer piso; Pablo baja, lo abraza y él vive. Más tarde, sabiendo que en Jerusalén le esperan cadenas, pide a los ancianos de Éfeso que cuiden el rebaño de nuestro Padre. Ellos lloran al saber que no volverán a ver su rostro.
20 1Después de que cesó el alboroto, Pablo mandó llamar a los discípulos, los animó, se despidió y partió para Macedonia. 2Cuando había recorrido aquellas regiones y dado mucho ánimo a los creyentes, llegó a Grecia. 3Se quedó tres meses; y como los judíos tramaron un complot contra él cuando estaba a punto de embarcarse para Siria, decidió regresar por Macedonia. 4Lo acompañaron Sópater hijo de Pirro, de Berea; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo, de Derbe; Timoteo; y Tíquico y Trófimo, de Asia. 5Estos se adelantaron y nos esperaban en Troas. 6Nosotros zarpamos de Filipos después de los días de los Panes sin Levadura, y en cinco días nos reunimos con ellos en Troas, donde nos quedamos siete días.
Un joven resucitado en Troas
7El primer día de la semana, cuando nos reunimos para partir el pan, Pablo hablaba con ellos; y como pensaba salir al día siguiente, siguió hablando hasta la medianoche. 8Había muchas lámparas en el aposento alto donde estábamos reunidos. 9Un joven llamado Eutico, sentado en la ventana, se iba hundiendo en un profundo sueño mientras Pablo seguía hablando. Vencido por el sueño, cayó desde el tercer piso y lo levantaron muerto. 10Pablo bajó, se inclinó sobre él y, abrazándolo, dijo: «No se alarmen; su vida está en él».
11Después subió, partió el pan, comió y habló largamente con ellos hasta el amanecer; entonces partió. 12Y llevaron vivo al joven a su casa, y quedaron grandemente consolados.
El viaje a Mileto
13Nosotros nos adelantamos en el barco a Asón, con la intención de recoger allí a Pablo; pues él había preferido ir por tierra. 14Y cuando se reunió con nosotros en Asón, lo tomamos a bordo y llegamos a Mitilene. 15Zarpando de allí, al día siguiente llegamos frente a Quío; al otro día atracamos en Samos, y un día después llegamos a Mileto. 16Pablo había decidido pasar de largo por Éfeso, para no detenerse en Asia; pues se apresuraba para llegar a Jerusalén, si le era posible, el día de Pentecostés.
17Desde Mileto envió a Éfeso a llamar a los ancianos de la iglesia, para que vinieran a él. 18Cuando llegaron, les dijo: «Ustedes saben cómo me comporté entre ustedes todo el tiempo, desde el primer día que puse pie en Asia, 19sirviendo a nuestro Señor Jesús con toda humildad, con lágrimas y con las pruebas que me sobrevinieron por los complots de los judíos contra mí, 20cómo no me guardé nada que pudiera serles útil, sino que se lo anuncié y se lo enseñé públicamente y de casa en casa, 21dando testimonio tanto a judíos como a griegos: el arrepentimiento para con nuestro Padre y la fe en nuestro Señor Jesús. 22Y ahora, atado por el Espíritu, me dirijo a Jerusalén, sin saber lo que allí me espera, 23salvo que el Espíritu Santo me advierte en cada ciudad que me esperan cadenas y sufrimientos. 24Pero no le doy ningún valor a mi vida, ni la tengo por preciosa para mí mismo, con tal de terminar mi carrera y el ministerio que recibí de nuestro Señor Jesús, dando testimonio del evangelio de la gracia de nuestro Padre.
25Y ahora sé que ninguno de ustedes, entre quienes anduve predicando el reino de nuestro Padre, volverá a ver mi rostro. 26Por tanto, hoy les declaro que estoy limpio de la sangre de todos, a a v26 «Limpio de la sangre de todos»: Pablo está diciendo que, si alguno de los presentes se pierde espiritualmente, no será por falta de advertencia de su parte, pues no se guardó nada. 27porque no rehuí anunciarles todo el propósito de nuestro Padre. 28Cuídense a sí mismos y a todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como obispos, para pastorear la iglesia de nuestro Padre, que él compró con la sangre de su propio Hijo. b b v28 El griego dice literalmente «por medio de la sangre de lo propio», que la FHB traduce como «de su propio Hijo»: nuestro Padre obtuvo la iglesia al precio de la sangre de su Hijo. Pablo nombra esta misma verdad en Romanos 8:32: nuestro Padre no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. 29Sé que después de mi partida entrarán entre ustedes lobos feroces que no perdonarán al rebaño. 30De entre ustedes mismos se levantarán hombres que hablarán cosas torcidas, para arrastrar a los discípulos tras de sí. 31Por eso, vigilen, recordando que durante tres años, de día y de noche, no dejé de amonestar con lágrimas a cada uno de ustedes. 32Y ahora los encomiendo a nuestro Padre y a la palabra de su gracia, que tiene poder para edificarlos y darles la herencia entre todos los que son santificados. 33No he codiciado la plata, ni el oro, ni el vestido de nadie. 34Ustedes mismos saben que estas manos proveyeron para mis necesidades y para las de quienes estaban conmigo. 35En todo les mostré que, trabajando así con esfuerzo, debemos ayudar a los débiles, recordando las palabras de nuestro Señor Jesús, que él mismo dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir”».
36Y cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas con todos ellos y oró. 37Todos lloraron; abrazaron a Pablo y lo besaron, 38afligidos sobre todo por sus palabras —que nunca volverían a ver su rostro—, y lo acompañaron hasta el barco.