El Padre regresa a su ciudad
Nuestro Padre dice que ha vuelto a Sion, y la imagen que da es cotidiana: ancianos con bastón, niños jugando en las calles. Los ayunos se convertirán en fiestas, las naciones vendrán a buscarlo, y su pueblo ha de hablar verdad y juzgar con honradez.
8 1La palabra del Padre de los ejércitos celestiales vino a mí, diciendo:
2Así dice el Padre de los ejércitos celestiales: Celoso estoy por Sion con gran celo; con ardiente ira estoy celoso por ella.
3Así dice nuestro Padre: He vuelto a Sion y habitaré dentro de Jerusalén. Jerusalén será llamada Ciudad de la Verdad, y el monte del Padre de los ejércitos celestiales, el Monte Santo.
4Así dice el Padre de los ejércitos celestiales: Ancianos y ancianas volverán a sentarse en las calles de Jerusalén, cada uno con su bastón en la mano por la mucha edad. 5Y las calles de la ciudad se llenarán de niños y niñas que jugarán en ellas.
6Así dice el Padre de los ejércitos celestiales: Si en aquellos días esto parece demasiado maravilloso al remanente de este pueblo, ¿también será demasiado maravilloso para mí?, dice el Padre de los ejércitos celestiales.
7Así dice el Padre de los ejércitos celestiales: Mira, yo salvo a mi pueblo de la tierra donde nace el sol y de la tierra donde se pone. 8Los traeré de vuelta para que habiten dentro de Jerusalén. Ellos serán mis hijos, y yo su Padre, en verdad y en justicia.
9Así dice el Padre de los ejércitos celestiales: Esfuércense las manos de ustedes, los que en estos días oyen estas palabras de la boca de los profetas que hablaron cuando se pusieron los cimientos de la casa del Padre de los ejércitos celestiales, para que el templo pudiera ser edificado. 10Porque antes de aquellos días no había paga para hombre ni para bestia, ni había seguridad frente al enemigo para el que salía ni para el que entraba, pues yo puse a cada uno contra su prójimo. 11Pero ahora no trataré al remanente de este pueblo como en los días pasados, declara el Padre de los ejércitos celestiales. 12Habrá una siembra de paz: la vid dará su fruto, la tierra dará su producto, y los cielos darán su rocío. Y a todo esto haré heredar al remanente de este pueblo. 13Y así como fueron maldición entre las naciones, casa de Judá y casa de Israel, así los salvaré, y serán bendición. No teman; esfuércense sus manos.
14Así dice el Padre de los ejércitos celestiales: Así como determiné hacerles mal cuando sus antepasados me provocaron a ira, y no me arrepentí, dice el Padre de los ejércitos celestiales, 15así también, en estos días, he determinado hacer bien a Jerusalén y a la casa de Judá. No teman. 16Estas son las cosas que han de hacer: Hablen verdad cada uno con su prójimo; juzguen con verdad y con justicia para paz en sus puertas. a a v16 Las puertas de la ciudad eran el equivalente antiguo de un tribunal: allí se oían y se resolvían públicamente las disputas legales. 17No tramen en su corazón el mal contra su prójimo, ni amen el juramento falso, porque todas estas cosas aborrezco, declara nuestro Padre.
18Y la palabra del Padre de los ejércitos celestiales vino a mí, diciendo:
19Así dice el Padre de los ejércitos celestiales: Los ayunos del mes cuarto, del quinto, del séptimo y del décimo se convertirán en gozo, alegría y fiestas alegres para la casa de Judá. Amen, pues, la verdad y la paz. b b v19 Estos cuatro ayunos lloraban el asedio y la caída de Jerusalén y la destrucción del templo; nuestro Padre promete convertir cada tiempo de duelo en una fiesta de gozo.
20Así dice el Padre de los ejércitos celestiales: Aún vendrán pueblos, habitantes de muchas ciudades. 21Y los habitantes de una ciudad irán a otra, diciendo: «Vayamos de prisa a implorar el favor de nuestro Padre, a buscar al Padre de los ejércitos celestiales; yo también iré». 22Y muchos pueblos y naciones poderosas vendrán a buscar al Padre de los ejércitos celestiales en Jerusalén y a implorar el favor de nuestro Padre. 23Así dice el Padre de los ejércitos celestiales: En aquellos días diez hombres de todas las lenguas de las naciones tomarán del manto a un judío, diciendo: «Iremos con ustedes, porque hemos oído que Dios está con ustedes».