Levántate, amada mía, y ven conmigo
Habla la mujer, recordando su sombra, la sala del banquete, su brazo bajo su cabeza. Luego repite la llamada de él a través de la celosía: el invierno ha pasado, las higueras maduran, ven conmigo. Dos veces advierte a las hijas de Jerusalén que no despierten el amor antes de tiempo.
2 1Yo soy la rosa de Sarón, el lirio de los valles. 2Como el lirio entre los espinos, así es mi amada entre las doncellas. 3Como el manzano entre los árboles del bosque, así es mi amado entre los jóvenes. Con gran deleite me senté a su sombra, y su fruto fue dulce a mi paladar. 4Me llevó a la sala del banquete, y su estandarte sobre mí fue el amor. 5Sostenedme con pasas, reanimadme con manzanas, porque estoy enferma de amor. 6Su mano izquierda está bajo mi cabeza, y su mano derecha me abraza. 7Os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas o por las ciervas del campo: no despertéis ni desveléis el amor hasta que quiera.
8¡La voz de mi amado! Viene saltando sobre los montes, brincando sobre las colinas. 9Mi amado es semejante a la gacela o al joven ciervo. Mirad, allí está tras nuestro muro, mirando por las ventanas, atisbando por las celosías. 10Mi amado me habla y me dice: Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven conmigo, 11porque ha pasado el invierno; la lluvia se ha ido y se ha marchado. 12Las flores aparecen en la tierra, ha llegado el tiempo del canto, y en nuestra tierra se oye la voz de la tórtola. 13La higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dan su fragancia. Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven conmigo. 14Paloma mía, en las hendiduras de la peña, en los escondrijos del despeñadero, déjame ver tu rostro, déjame oír tu voz, porque dulce es tu voz, y hermoso tu rostro. 15Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas que echan a perder las viñas, porque nuestras viñas están en cierne. 16Mi amado es mío, y yo suya; él apacienta entre los lirios. 17Hasta que raye el día y huyan las sombras, vuélvete, amado mío, y sé semejante a la gacela o al joven ciervo sobre los montes escarpados.