Moisés ora al Padre eterno
Oración de Moisés, varón de nuestro Padre.
Moisés pone una vida humana junto a su Padre eterno: mil años pasan como una vigilia de anoche, y las personas son barridas como la hierba de la mañana. No pide más días, sino sabiduría para contarlos, y una alegría a la medida de los años de aflicción.
90 1Padre soberano, tú has sido nuestra morada de generación en generación. 2Antes que nacieran los montes, o formaras la tierra y el mundo, desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres nuestro Padre.
3Haces que el hombre vuelva al polvo, diciendo: «Volved, hijos de los hombres.»
4Porque mil años delante de tus ojos son como un día que ya pasó, como una vigilia en la noche. 5Los arrastras como con una inundación; son como un sueño, como la hierba que brota en la mañana, 6en la mañana florece y crece; al llegar la tarde se marchita y se seca.
7Porque somos consumidos por tu ira; por tu furor somos turbados. 8Has puesto nuestras maldades delante de ti, nuestros pecados secretos a la luz de tu presencia. 9Porque todos nuestros días pasan bajo tu ira; acabamos nuestros años como un suspiro. 10Vivimos setenta años, u ochenta si las fuerzas nos sostienen; pero solo traen fatiga y dolor—pronto pasan, y volamos. 11¿Quién conoce el poder de tu ira? Tu furor es tan grande como el temor que mereces. 12Enséñanos a contar nuestros días, para que alcancemos un corazón de sabiduría.
13¡Vuélvete, nuestro Padre! ¿Hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. 14Sácianos en la mañana de tu amor fiel, para que cantemos de alegría y nos regocijemos todos nuestros días. 15Alégranos conforme a los días que nos afligiste, conforme a los años en que vimos el mal. 16Que tus siervos vean tu obra, y sus hijos vean tu esplendor.
17Sea sobre nosotros el favor del Padre soberano; establece para nosotros la obra de nuestras manos—sí, establece la obra de nuestras manos.