Un refugio para toda la vida
La oración de un anciano. Se ha apoyado en su Padre desde que nació, y ahora teme ser desechado mientras le fallan las fuerzas y sus enemigos dicen que ha sido abandonado. Lo que pide es tiempo, para seguir contando a la siguiente generación lo que sabe.
71 1En ti, Padre mío, me refugio; que nunca sea yo avergonzado. 2En tu justicia líbrame y rescátame; inclina a mí tu oído y sálvame. 3Sé tú mi roca de refugio, a la cual pueda venir siempre; tú has dado la orden de salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza. 4Padre mío, líbrame de la mano del malvado, del puño del injusto y cruel.
5Porque tú eres mi esperanza, Padre soberano, mi confianza desde mi juventud. 6En ti me he apoyado desde el nacimiento; tú eres quien me sacó del vientre de mi madre. Siempre te alabo. 7He llegado a ser como un prodigio para muchos, pero tú eres mi refugio poderoso. 8Mi boca está llena de tu alabanza, y de tu gloria todo el día.
9No me deseches en la vejez; cuando mis fuerzas se acaben, no me abandones. 10Porque mis enemigos hablan contra mí; los que acechan para quitarme la vida conspiran juntos. 11Dicen: «Dios lo ha abandonado; perseguidlo y apresadlo, porque no hay quien lo rescate».
12Padre mío, no te alejes de mí; Padre mío, apresúrate a socorrerme. 13Que sean avergonzados y consumidos mis acusadores; que sean cubiertos de oprobio y deshonra los que buscan mi mal.
14Pero yo esperaré continuamente y te alabaré cada vez más y más. 15Mi boca contará tu justicia, tu salvación todo el día, aunque no conozco su plena medida. 16Vendré proclamando las obras poderosas del Padre soberano; anunciaré tu justicia, la tuya solamente.
17Padre mío, me has enseñado desde mi juventud, y hasta el día de hoy anuncio tus obras maravillosas. 18Por eso, aun cuando sea viejo y esté lleno de canas, Padre mío, no me abandones, hasta que proclame tu poder a la generación venidera, tu potencia a todos los que han de venir.
19Tu justicia, Padre mío, alcanza las alturas de los cielos. Tú que has hecho grandes cosas, Padre mío, ¿quién como tú? 20Tú que me has mostrado muchas angustias y calamidades me harás revivir de nuevo; desde las profundidades de la tierra volverás a levantarme. 21Aumentarás mi honra y volverás a consolarme.
22También te alabaré con el arpa por tu fidelidad, Padre mío; te cantaré salmos con la lira, Santo de Israel, Padre mío. 23Mis labios gritarán de alegría cuando te cante salmos, y también mi alma, la cual has redimido. 24Y mi lengua contará tu justicia todo el día, porque han sido avergonzados y confundidos los que buscaban mi mal.