La riqueza no puede comprar el camino a casa
Al director del coro. Salmo de los hijos de Coré.
Un enigma planteado a ricos y pobres por igual: nadie es tan rico como para rescatar a su hermano de la muerte. El sabio y el necio dejan su dinero atrás de la misma manera. La esperanza del salmista está en otra parte: nuestro Padre lo tomará consigo.
49 1Oíd esto, pueblos todos; escuchad, todos los que habitáis en el mundo, 2así los humildes como los encumbrados, ricos y pobres por igual. 3Mi boca hablará sabiduría; la meditación de mi corazón traerá entendimiento. 4Inclinaré mi oído a un proverbio; con el arpa desataré mi enigma. 5¿Por qué habría de temer en los días malos, cuando me rodea la maldad de los que quieren hacerme caer, 6los que confían en sus bienes y se jactan de sus muchas riquezas? 7En verdad, ninguno puede redimir a su hermano ni pagar a nuestro Padre un rescate por él, 8el rescate de una vida es costoso; ningún pago será jamás suficiente, 9para que viva para siempre y nunca vea el sepulcro. 10Pues ve que aun los sabios mueren; el necio y el insensato por igual perecen y dejan a otros sus bienes. 11Sus sepulcros son sus moradas para siempre, sus habitaciones por todas las generaciones, aunque hayan dado sus nombres a las tierras. 12El hombre, a pesar de su pompa, no permanece; es semejante a las bestias que perecen. 13Este es el camino de los que tienen necia confianza, y de los que tras ellos aprueban sus palabras.
14Como ovejas están destinados al sepulcro, y la muerte los pastoreará. Los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana; sus cuerpos se consumirán en el sepulcro, lejos de sus altivas moradas. 15Pero nuestro Padre redimirá mi vida del poder del sepulcro; ciertamente me tomará consigo. a a v15 A diferencia de los ricos que no pueden comprar su salida de la muerte, el salmista confía en que nuestro Padre mismo lo rescatará del sepulcro y lo llevará a su propia presencia.
16No temas cuando alguien se enriquece, cuando aumenta el esplendor de su casa, 17porque al morir nada se llevará; su esplendor no descenderá tras él. 18Aunque mientras vive se cuenta dichoso —y la gente te alaba cuando te va bien—, 19irá a reunirse con la generación de sus padres, que nunca más verán la luz. 20El hombre, a pesar de su pompa, que no entiende, es semejante a las bestias que perecen.