La vigilia silenciosa de David
Al director del coro. Para Jedutún. Salmo de David.
David intentó no decir nada mientras los malvados lo observaban, y el silencio empeoró el dolor hasta que estalló. Lo que brota es una petición: que su Padre le muestre cuán breve es la vida —unos palmos, un soplo— y le dé alivio antes de partir.
39 1Dije: «Guardaré mis caminos para no pecar con mi lengua; pondré freno a mi boca mientras los impíos estén ante mí». 2Enmudecí en silencio; callé aun acerca de lo bueno, y mi dolor se agravó. 3Mi corazón se enardeció dentro de mí; mientras meditaba, ardió el fuego; entonces hablé: 4Muéstrame mi fin, Padre mío, y cuál es la medida de mis días; hazme saber cuán fugaz soy.
5Mira, has hecho mis días tan solo de unos palmos, y mi existencia es como nada ante ti. Ciertamente todo hombre es apenas un soplo. 6Ciertamente todo hombre anda como una sombra; ciertamente en vano se agita; amontona riquezas y no sabe quién las recogerá. 7Y ahora, Padre soberano, ¿qué espero yo? Mi esperanza está en ti. 8Líbrame de todas mis rebeliones; no me hagas el escarnio del insensato. 9Enmudecí; no abro mi boca, porque tú lo has hecho. 10Aparta de mí tu azote; consumido estoy por el golpe de tu mano.
11Con reprensiones corriges al hombre por el pecado; como polilla consumes lo que él atesora; ciertamente todo hombre es apenas un soplo. 12Oye mi oración, Padre mío, y escucha mi clamor; no pases por alto mis lágrimas; porque solo soy un peregrino contigo, un huésped como todos mis padres. 13Aparta de mí tu mirada, para que vuelva a sonreír, antes de que parta y ya no exista.