Roca mía, no guardes silencio
Salmo de David.
El temor de David es el silencio: si su Padre, su Roca, no responde, ya está entre los muertos. Pide no ser arrastrado junto con hombres que hablan palabras amables mientras esconden maldad. A mitad del salmo es escuchado, y la oración se vuelve gratitud.
28 1A ti clamo, Padre mío; Roca mía, no te hagas sordo a mí, porque si guardas silencio hacia mí, vendré a ser semejante a los que descienden a la fosa.
2Oye mis súplicas de misericordia cuando a ti clamo por ayuda, cuando alzo mis manos hacia tu santo santuario.
3No me arrastres con los impíos, con los que hacen maldad, que hablan palabras amistosas a sus prójimos mientras el mal está en sus corazones. 4Págales conforme a sus obras, conforme a sus malas acciones; págales conforme a la obra de sus manos; haz volver sobre ellos lo que merecen. 5Por cuanto no les importan nada las obras de mi Padre ni la obra de sus manos, él los derribará y nunca los edificará.
6Bendito sea nuestro Padre, porque ha oído mis súplicas de misericordia. 7Mi Padre es mi fortaleza y mi escudo; en él confía mi corazón, y soy socorrido. Mi corazón salta de alegría, y con mi canto le doy gracias.
8Mi Padre es la fortaleza de su pueblo; es el baluarte de salvación de su ungido. 9Salva a tu pueblo y bendice a tu heredad; pastoréalos y susténtalos para siempre.