Tuya es la gloria
Ante la burla «¿Dónde está su Dios?», el salmo compara. Los ídolos tienen boca, ojos y oídos que no hacen nada, y quienes los fabrican terminan tan sin vida como lo que hicieron. A tres grupos se les dice que confíen en nuestro Padre: Israel, la casa de Aarón, todos los que le temen.
115 1No a nosotros, nuestro Padre, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu amor fiel y tu fidelidad.
2¿Por qué han de decir las naciones: «¿Dónde está ahora su Dios?»? 3Nuestro Padre está en los cielos; él hace todo lo que le agrada. 4Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos humanas. 5Tienen boca, pero no pueden hablar; ojos, pero no pueden ver; 6tienen oídos, pero no pueden oír; narices, pero no pueden oler; 7tienen manos, pero no pueden palpar; pies, pero no pueden andar; y ningún sonido sale de su garganta. 8Los que los hacen llegan a ser como ellos, y también todo el que confía en ellos.
9¡Israel, confía en nuestro Padre! Él es su ayuda y su escudo. 10¡Casa de Aarón, confía en nuestro Padre! Él es su ayuda y su escudo. 11Los que temen a nuestro Padre, ¡confíen en él! Él es su ayuda y su escudo.
12Nuestro Padre se ha acordado de nosotros; nos bendecirá. Bendecirá a la casa de Israel; bendecirá a la casa de Aarón; 13bendecirá a los que temen a nuestro Padre, tanto a los pequeños como a los grandes.
14Que nuestro Padre los haga crecer más y más, a ustedes y a sus hijos. 15Que sean benditos por nuestro Padre, el Hacedor del cielo y de la tierra.
16Los cielos son los cielos de nuestro Padre, pero la tierra la ha dado a los seres humanos. 17Los muertos no alaban a nuestro Padre, ni ninguno de los que descienden al silencio. 18Pero nosotros bendeciremos a nuestro Padre desde ahora y para siempre. ¡Aleluya!