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Salmos 10

Libro

¿Dónde estás?

Una queja franca: nuestro Padre parece mantenerse lejos mientras hombres arrogantes acechan al pobre en emboscada, diciéndose que nadie los ve. El salmista insiste en que él sí lo ve, y le pide que actúe como ayudador del huérfano.

Capítulo 10.

¿Por qué, Padre nuestro, te mantienes lejos? ¿Por qué te escondes en tiempos de angustia?

Con arrogancia el malvado persigue con saña al pobre; que los malvados queden atrapados en las intrigas que han tramado. Porque el malvado se jacta de lo que su corazón anhela; el codicioso maldice y renuncia a nuestro Padre. Con arrogancia el malvado no lo busca; todos sus pensamientos son: «No hay Dios». a a v4 El pensamiento arraigado del malvado —«No hay Dios»— es la antigua mentira de que nuestro Padre está distante o ausente. El salmo la responde: nuestro Padre sí ve, y defiende al indefenso. Sus caminos prosperan en todo tiempo; tus juicios están en lo alto, muy por encima de él; se burla de todos sus adversarios. Dice en su corazón: «Jamás seré conmovido; de generación en generación no hallaré angustia».

Su boca está llena de maldición, engaño y opresión; debajo de su lengua hay malicia y maldad. Se sienta al acecho cerca de las aldeas; desde los escondrijos asesina al inocente, y sus ojos espían furtivamente al indefenso. Acecha en secreto como león en su guarida; acecha para atrapar al pobre, y arrastra al pobre en su red. Sus víctimas quedan aplastadas, se desploman; los indefensos caen bajo su poder. Dice en su corazón: «Dios ha olvidado; ha escondido su rostro; nunca lo verá».

¡Levántate, Padre nuestro! Alza tu mano; no te olvides de los afligidos. ¿Por qué el malvado renuncia a nuestro Padre y dice en su corazón: «No me pedirás cuentas»? Pero tú sí ves, pues tomas nota de la aflicción y del dolor, para tomarlo en tu propia mano. El indefenso se encomienda a ti; tú eres el amparo del huérfano. b b v14 Aquí se nombra a nuestro Padre como el amparo del huérfano, el defensor del que quedó sin padre. Su corazón acoge precisamente a aquellos que nadie más protegerá. Rompe el brazo del malvado y del hombre perverso; pídele cuentas de su maldad hasta que no halles más.

Nuestro Padre es rey eternamente y para siempre; las naciones perecen de su tierra. Tú escuchas el anhelo de los afligidos, Padre nuestro; tú fortalecerás su corazón; prestarás atento oído, para hacer justicia al huérfano y al oprimido, a fin de que los simples mortales no infundan más terror.

A young man reading the Father's Heart Bible print edition in a coffee shop Ya impreso

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