¿Dónde estás?
Una queja franca: nuestro Padre parece mantenerse lejos mientras hombres arrogantes acechan al pobre en emboscada, diciéndose que nadie los ve. El salmista insiste en que él sí lo ve, y le pide que actúe como ayudador del huérfano.
10 1¿Por qué, Padre nuestro, te mantienes lejos? ¿Por qué te escondes en tiempos de angustia?
2Con arrogancia el malvado persigue con saña al pobre; que los malvados queden atrapados en las intrigas que han tramado. 3Porque el malvado se jacta de lo que su corazón anhela; el codicioso maldice y renuncia a nuestro Padre. 4Con arrogancia el malvado no lo busca; todos sus pensamientos son: «No hay Dios». a a v4 El pensamiento arraigado del malvado —«No hay Dios»— es la antigua mentira de que nuestro Padre está distante o ausente. El salmo la responde: nuestro Padre sí ve, y defiende al indefenso. 5Sus caminos prosperan en todo tiempo; tus juicios están en lo alto, muy por encima de él; se burla de todos sus adversarios. 6Dice en su corazón: «Jamás seré conmovido; de generación en generación no hallaré angustia».
7Su boca está llena de maldición, engaño y opresión; debajo de su lengua hay malicia y maldad. 8Se sienta al acecho cerca de las aldeas; desde los escondrijos asesina al inocente, y sus ojos espían furtivamente al indefenso. 9Acecha en secreto como león en su guarida; acecha para atrapar al pobre, y arrastra al pobre en su red. 10Sus víctimas quedan aplastadas, se desploman; los indefensos caen bajo su poder. 11Dice en su corazón: «Dios ha olvidado; ha escondido su rostro; nunca lo verá».
12¡Levántate, Padre nuestro! Alza tu mano; no te olvides de los afligidos. 13¿Por qué el malvado renuncia a nuestro Padre y dice en su corazón: «No me pedirás cuentas»? 14Pero tú sí ves, pues tomas nota de la aflicción y del dolor, para tomarlo en tu propia mano. El indefenso se encomienda a ti; tú eres el amparo del huérfano. b b v14 Aquí se nombra a nuestro Padre como el amparo del huérfano, el defensor del que quedó sin padre. Su corazón acoge precisamente a aquellos que nadie más protegerá. 15Rompe el brazo del malvado y del hombre perverso; pídele cuentas de su maldad hasta que no halles más.
16Nuestro Padre es rey eternamente y para siempre; las naciones perecen de su tierra. 17Tú escuchas el anhelo de los afligidos, Padre nuestro; tú fortalecerás su corazón; prestarás atento oído, 18para hacer justicia al huérfano y al oprimido, a fin de que los simples mortales no infundan más terror.