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Romanos 15

Libro

Recíbanse unos a otros

Los fuertes sobrellevan a los débiles en lugar de agradarse a sí mismos, y Cristo, que recibió a los gentiles para la gloria de nuestro Padre, es la prueba. Luego Pablo se vuelve personal: su ambición de predicar donde Cristo no ha sido nombrado, una colecta para los pobres de Jerusalén y su esperanza de pasar por Roma camino de España.

Capítulo 15.

Los que somos fuertes debemos sobrellevar las debilidades de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo para el bien de este, a fin de edificarlo. Porque ni siquiera Cristo se agradó a sí mismo; como está escrito: «Los insultos de los que te insultaban cayeron sobre mí». Todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, de modo que por la perseverancia y por el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza. Que nuestro Padre, quien da perseverancia y consuelo, les conceda vivir en armonía unos con otros, conforme a Cristo Jesús, para que juntos, a una sola voz, glorifiquen a nuestro Padre, el Padre de nuestro Señor Jesucristo.

Por tanto, recíbanse unos a otros, como también Cristo los recibió a ustedes, para la gloria de nuestro Padre. Porque les digo que Cristo se hizo servidor de los circuncidados, para mostrar la fidelidad de nuestro Padre y confirmar las promesas hechas a los antepasados, y para que las naciones glorifiquen a nuestro Padre por su misericordia, como está escrito: «Por tanto, te alabaré entre las naciones, y cantaré a tu nombre».

Y otra vez dice: «Alégrense, naciones, con su pueblo».

Y de nuevo: «Alaben a nuestro Padre, todas las naciones, y que todos los pueblos lo alaben». a a v11 Esta línea cita un salmo que llama a toda nación de la tierra a alabar a Aquel a quien la FHB nombra en todo su texto como nuestro Padre.

Otra vez Isaías dice: «Vendrá la raíz de Isaí, que se levantará para gobernar a las naciones; en él esperarán las naciones».

Que nuestro Padre, la fuente de la esperanza, los llene de todo gozo y paz mediante la fe, para que, por el poder del Espíritu Santo, reboséis de esperanza. b b v13 El gozo y la paz no vienen de un esfuerzo agotador. Vienen «al creer», al descansar en lo que nuestro Padre ha prometido.

La gracia de nuestro Padre sobre la misión de Pablo

Estoy convencido acerca de ustedes, hermanos míos, de que ustedes mismos están llenos de bondad, colmados de todo conocimiento, y capaces de instruirse unos a otros. Pero les he escrito con cierta audacia sobre algunos puntos, para recordárselos, por causa de la gracia que nuestro Padre me dio, de ser ministro de Cristo Jesús para las naciones, sacerdote del evangelio de nuestro Padre, para que la ofrenda de las naciones fuera aceptable, santificada por el Espíritu Santo. En Cristo Jesús, pues, tengo motivo para gloriarme de mi trabajo para nuestro Padre. Porque no me atreveré a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para llevar a las naciones a la obediencia, por palabra y obra. Por el poder de señales y prodigios, por el poder del Espíritu de nuestro Padre, he proclamado plenamente el evangelio de Cristo desde Jerusalén y por todos los alrededores hasta Ilírico. De este modo me propuse predicar el evangelio donde Cristo no había sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno, sino como está escrito: «aquellos a quienes nunca se les habló de él verán, y los que no han oído entenderán».

Por esta razón muchas veces se me ha impedido ir a ustedes.

Los planes de Pablo de visitar Roma

Pero ahora, sin más lugar donde trabajar en estas regiones, y habiendo anhelado por muchos años ir a ustedes, espero verlos de paso en mi viaje a España, y que ustedes me encaminen hacia allá, una vez que haya disfrutado de su compañía por un tiempo. Pero por ahora voy a Jerusalén, llevando ayuda al pueblo de nuestro Padre. Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una contribución para los pobres del pueblo de nuestro Padre en Jerusalén. Les pareció bien hacerlo, y en verdad se lo deben. Pues, ya que las naciones participaron de las bendiciones espirituales de Israel, las naciones deben, a su vez, sostener materialmente al pueblo de Jerusalén. Así que, después de terminar esto y de entregarles con seguridad esta colecta, partiré para España pasando por donde ustedes. Y sé que, al ir a ustedes, iré con la plena bendición de Cristo.

Hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, les ruego que se esfuercen junto conmigo en sus oraciones a nuestro Padre por mí, para que sea librado de los incrédulos de Judea, y mi servicio para Jerusalén sea grato al pueblo de nuestro Padre, de modo que, por la voluntad de nuestro Padre, llegue a ustedes con gozo y encuentre descanso junto con ustedes. Que nuestro Padre, la fuente de la paz, sea con todos ustedes. Amén.

A young man reading the Father's Heart Bible print edition in a coffee shop Ya impreso

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