Libres para pertenecer al Padre
La ley es buena, y ese es el problema. Pablo usa la ley del matrimonio para explicar la liberación que nos permite pertenecer a nuestro Padre, y luego describe la trampa desde dentro: querer el bien, hacer el mal, ver cómo pierde un yo dividido. El clamor no es doctrina sino agotamiento: ¿quién me librará?
7 1¿Acaso ignoran, hermanos —hablo con los que conocen la ley—, que la ley domina a una persona solamente mientras vive? 2La mujer casada está ligada por la ley a su esposo mientras él vive; pero si él muere, queda libre de la ley del esposo. 3Así que, mientras vive su esposo, será llamada adúltera si llega a ser de otro hombre; pero si su esposo muere, queda libre de aquella ley, y no será adúltera si se casa con otro. 4Del mismo modo, hermanos míos, también ustedes murieron a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para pertenecer a otro, al que fue resucitado de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para nuestro Padre. 5Porque cuando vivíamos en la carne, las pasiones pecaminosas, despertadas por la ley, actuaban en nuestros cuerpos para producir fruto de muerte. 6Pero ahora estamos libres de la ley, muertos a aquello que nos tenía atados, para servir bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra escrita.
La ley revela el poder del pecado
7¿Qué diremos, entonces? ¿Que la ley es pecado? ¡De ninguna manera! Sin embargo, yo no habría conocido el pecado sino por la ley; ni habría conocido la codicia, si la ley no hubiera dicho: «No codicies lo que no es tuyo». 8Pero el pecado, aprovechando la ocasión que le dio el mandamiento, produjo en mí toda clase de codicia. Porque sin la ley el pecado está muerto. 9Yo vivía en otro tiempo sin la ley; pero cuando vino el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí. 10Y descubrí que el mismo mandamiento que debía darme vida, en realidad me trajo muerte. 11Porque el pecado, aprovechando la ocasión que le dio el mandamiento, me engañó, y por medio de él me mató. 12Así que la ley es santa, y el mandamiento es santo, justo y bueno.
13Entonces, ¿lo que es bueno vino a ser muerte para mí? ¡De ninguna manera! Más bien, el pecado, para mostrarse como pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo bueno, a fin de que, por el mandamiento, el pecado llegara a ser sumamente pecaminoso. 14Porque sabemos que la ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido al pecado. 15No entiendo lo que hago; porque no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. 16Y si hago lo que no quiero, reconozco que la ley es buena. 17Así que ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que vive en mí. 18Porque sé que en mí, es decir, en mi carne, no vive nada bueno. Pues el querer el bien está en mí, pero no logro hacerlo. 19Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso sigo haciendo. 20Y si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que vive en mí. 21Así que descubro esta ley: que, queriendo yo hacer el bien, el mal está junto a mí. 22Porque, según el hombre interior, me deleito en la ley de nuestro Padre; 23pero veo otra ley en mi cuerpo, que combate contra la ley de mi mente y me lleva cautivo a la ley del pecado que actúa en mi cuerpo. 24¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? 25¡Gracias a nuestro Padre, por medio de Jesucristo nuestro Señor! Así que yo mismo, con la mente, sirvo a la ley de nuestro Padre; pero con la carne, a la ley del pecado.