El ángel poderoso desciende
Un ángel planta un pie sobre el mar y otro sobre la tierra y jura por nuestro Padre: no habrá más demora. Hablan siete truenos y a Juan se le prohíbe escribirlo. Se come el librito: miel en la boca, amargo después. Debe profetizar otra vez.
10 1Entonces vi a otro ángel poderoso que descendía del cielo, envuelto en una nube, con un arco iris sobre su cabeza, el rostro como el sol y los pies como columnas de fuego. 2Sostenía en la mano un pequeño rollo abierto; puso su pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra, 3y clamó a gran voz como ruge un león. Cuando clamó, siete truenos hicieron oír sus voces.
4Cuando los siete truenos hicieron oír sus voces, yo estaba a punto de escribir, pero oí una voz del cielo que decía: «Sella lo que dijeron los siete truenos; no lo escribas».
5Entonces el ángel que vi de pie sobre el mar y sobre la tierra levantó su mano derecha al cielo, 6y juró por nuestro Padre que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y todo lo que hay en él, la tierra y todo lo que hay en ella, y el mar y todo lo que hay en él: «¡No habrá más demora! 7Cuando el séptimo ángel esté a punto de tocar su trompeta, se cumplirá el misterio de nuestro Padre, tal como lo anunció a sus siervos los profetas». a a v7 El misterio que nuestro Padre anunció por medio de los profetas alcanza su plenitud en su Hijo: el evangelio dado a conocer a todos los pueblos (Efesios 3:8-9; Colosenses 1:26-27).
8La voz del cielo habló de nuevo: «Ve, toma el rollo abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y sobre la tierra».
9Así que fui al ángel y le pedí el pequeño rollo. Él me dijo: «Tómalo y cómelo. Amargará tu estómago, pero en tu boca será dulce como la miel».
10Tomé el pequeño rollo de la mano del ángel y lo comí. En mi boca era dulce como la miel; pero una vez que lo comí, mi estómago se volvió amargo. 11Entonces me dijeron: «Tienes que profetizar de nuevo acerca de muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes».