Cantad a nuestro Padre
95 1 Venid, cantemos con gozo a nuestro Padre; aclamemos con júbilo a la Roca de nuestra salvación. 2 Lleguemos ante su presencia con acción de gracias; aclamémoslo con júbilo con cánticos de alabanza. 3 Porque nuestro Padre es un gran Rey sobre todos los dioses. 4 En su mano están las profundidades de la tierra, y suyas son las cumbres de los montes. 5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de nuestro Padre, nuestro Hacedor. 7 Porque él es nuestro Padre, y nosotros somos el pueblo de su prado, el rebaño bajo su mano. Hoy, si oís su voz— 8 no endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto, a a v8 Meriba y Masah: lugares en el desierto de Sinaí donde Israel exigió agua y puso a prueba a Dios (Éxodo 17:1–7).
9 donde vuestros antepasados me tentaron; me pusieron a prueba, aunque habían visto mi obra. 10 Durante cuarenta años me dolí de aquella generación, y dije: «Es un pueblo cuyo corazón se extravía, y no han conocido mis caminos». 11 Por eso juré en mi ira: «Jamás entrarán en mi reposo». b b v11 El libro de Hebreos retoma esta advertencia y muestra que el reposo que ofrece nuestro Padre se halla plenamente en Jesús: un reposo del afán, al que se entra por la fe y nunca con el corazón endurecido.