El clamor de David a su Padre
Oración de David.
86 1 Inclínate y escúchame, Padre mío; respóndeme, porque soy pobre y necesitado.
2 Guarda mi vida, porque a ti estoy consagrado; salva a tu siervo que en ti confía: tú eres mi Padre. 3 Ten piedad de mí, mi Padre soberano, porque a ti clamo todo el día. 4 Alegra el alma de tu siervo, porque a ti elevo mi alma, mi Padre soberano.
5 Porque tú, mi Padre soberano, eres bueno y perdonador, grande en amor fiel para con todos los que te invocan. 6 Escucha, Padre mío, mi oración; atiende a mis súplicas de misericordia. 7 En el día de mi angustia clamo a ti, porque tú me respondes.
8 No hay entre los dioses ninguno como tú, mi Padre soberano, ni hay obras como las tuyas. 9 Todas las naciones que hiciste vendrán y se postrarán delante de ti, mi Padre soberano, y glorificarán tu nombre. 10 Porque tú eres grande y haces maravillas; solo tú eres mi Padre.
11 Enséñame, Padre mío, tu camino, para que ande en tu verdad; dame un corazón íntegro para temer tu nombre. 12 Te alabaré, mi Padre soberano, con todo mi corazón, y glorificaré tu nombre para siempre. 13 Porque grande es tu amor fiel para conmigo; has librado mi alma de lo más profundo del sepulcro. a a v13 Seol es el nombre hebreo de la morada de los muertos, representada como el lugar más profundo que pueda imaginarse.
14 Padre mío, hombres insolentes se han levantado contra mí; una banda de hombres despiadados busca mi vida, y no te tienen presente. 15 Pero tú, mi Padre soberano, eres un Padre compasivo y clemente, lento para la ira y grande en amor fiel y verdad. 16 Vuélvete a mí y ten piedad de mí; concede tu fortaleza a tu siervo, y salva al hijo de tu sierva. 17 Muéstrame una señal de tu favor, para que la vean los que me aborrecen y sean avergonzados, porque tú, Padre mío, me has ayudado y consolado.