Hijos de Coré: Un cántico de anhelo
Al director del coro; según Gitit. Salmo de los hijos de Coré.
84 1 ¡Cuán amables son tus moradas, oh Padre de los ejércitos del cielo! 2 Anhela mi alma, y aun desfallece, por los atrios de nuestro Padre; mi corazón y mi carne cantan con júbilo a nuestro Padre vivo. 3 Aun el gorrión ha hallado casa, y la golondrina un nido para sí, donde criar sus polluelos, cerca de tus altares, oh Padre de los ejércitos del cielo, Rey mío y Padre mío. 4 Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán. Selah
5 Bienaventurado el hombre cuya fortaleza está en ti, en cuyo corazón están los caminos a Sion. 6 Al pasar por el valle de Baca, lo convierten en un lugar de manantiales; también la lluvia temprana lo cubre de bendiciones. a a v6 Baca significa «llanto». En el camino hacia nuestro Padre, aun el valle de lágrimas se convierte en un lugar de manantiales. 7 Irán de poder en poder; cada uno se presenta ante nuestro Padre en Sion. 8 Oh Padre de los ejércitos del cielo, oye mi oración; escucha, oh nuestro Padre de Jacob. Selah
9 Mira, oh nuestro Padre, escudo nuestro, y pon los ojos en tu ungido. b b v9 «Tu ungido» se refiere al rey de Israel, el gobernante escogido por Dios y apartado para su pueblo. 10 Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Preferiría ser portero en la casa de mi Padre que morar en las tiendas de la maldad. 11 Porque nuestro Padre es sol y escudo; nuestro Padre concede gracia y gloria; no niega ningún bien a los que andan en integridad. 12 Oh Padre de los ejércitos del cielo, ¡bienaventurado el que en ti confía!