Un mictam en Gat
Al director del coro: según «Una paloma sobre robles lejanos». De David. Un salmo dorado, cuando los filisteos lo prendieron en Gat.
56 1 Ten piedad de mí, Padre mío, porque los hombres me pisotean; todo el día me oprime el atacante. 2 Mis adversarios me pisotean todo el día; muchos combaten contra mí con soberbia. 3 Cuando tengo miedo, pongo en ti mi confianza.
4 En mi Padre, cuya palabra alabo—en mi Padre confío; no temeré. ¿Qué pueden hacerme los simples mortales? 5 Todo el día tuercen mis palabras; todos sus pensamientos contra mí son para mal. 6 Se conjuran, se ponen al acecho; vigilan mis pasos, ansiando quitarme la vida.
7 ¿Escaparán a pesar de su maldad? Con ira derriba a los pueblos, Padre mío. 8 Tú has contado mis andanzas; pon mis lágrimas en tu redoma. ¿Acaso no están en tu registro?
9 Entonces mis enemigos retrocederán cuando yo clame. Esto sé: que mi Padre está de mi parte. 10 En mi Padre alabo su palabra; en mi Padre alabo su palabra.
11 En mi Padre confío; no temeré. ¿Qué pueden hacerme los simples mortales? 12 Sobre mí están tus votos, Padre mío; te ofreceré ofrendas de acción de gracias. 13 Porque has librado mi alma de la muerte—sí, mis pies de tropezar—para que yo camine delante de mi Padre en la luz de la vida.