El alma que tiene sed
Al director musical. Masquil de los hijos de Coré.
42 1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti mi alma, oh Padre mío.
2 Mi alma tiene sed de mi Padre, del Padre viviente. ¿Cuándo podré venir y presentarme delante de él? 3 Mis lágrimas han sido mi alimento día y noche, mientras todo el día me dicen: «¿Dónde está tu Dios?»
4 Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí: de cómo iba con la multitud y la guiaba en procesión hasta la casa de nuestro Padre, entre voces de alegría y cánticos de alabanza, una gran muchedumbre en fiesta.
5 ¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en nuestro Padre, porque todavía he de alabarlo de nuevo, salvación mía y Padre mío.
6 Padre mío, mi alma está abatida dentro de mí; por eso me acuerdo de ti desde la tierra del Jordán y del Hermón, desde el monte Mizar.
7 Un abismo llama a otro abismo a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. 8 De día nuestro Padre manda su amor fiel, y de noche su cántico está conmigo, una oración al Padre de mi vida.
9 Diré a mi Padre, roca mía: «¿Por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué ando enlutado por la opresión del enemigo?» 10 Como una herida mortal en mis huesos, mis adversarios me afrentan, mientras todo el día me dicen: «¿Dónde está tu Dios?»
11 ¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en nuestro Padre, porque todavía he de alabarlo de nuevo, salvación mía y Padre mío.