Cubierto, declarado limpio
Salmo de David. Salmo de sabiduría.
32 1 ¡Cuán bienaventurado es aquel cuya rebelión es perdonada, cuyo pecado ha sido cubierto! a a v1 Pablo cita este versículo y el siguiente como el corazón de ser justificados delante de nuestro Padre: el perdón que se nos acredita sin nada que merezcamos (Romanos 4:7-8). 2 ¡Cuán bienaventurado es aquel a quien nuestro Padre no le imputa culpa, y en cuyo espíritu no hay engaño!
3 Mientras callé, se consumieron mis huesos por mi gemir todo el día. 4 Porque de día y de noche tu mano pesaba sobre mí; mis fuerzas se agotaron como en el calor del verano. Selah
5 Entonces reconocí ante ti mi pecado, y no encubrí mi culpa; dije: «Confesaré mis rebeliones a nuestro Padre» — y tú perdonaste la culpa de mi pecado. Selah
6 Por eso, que todo fiel ore a ti mientras puedas ser hallado; ciertamente, cuando crezcan las grandes aguas, no llegarán a él. 7 Tú eres un refugio para mí; me guardas de la angustia; me rodeas con cánticos de liberación. Selah
8 Te instruiré y te enseñaré el camino por donde debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti. 9 No seas como el caballo o el mulo, sin entendimiento, cuyo brío hay que refrenar con freno y brida, o no se acercará a ti.
10 Muchos son los dolores del impío, pero al que confía en nuestro Padre lo rodea su amor de pacto. 11 Alégrense en nuestro Padre y regocíjense, justos; canten de júbilo, todos ustedes los rectos de corazón!