Roca mía, no guardes silencio
Salmo de David.
28 1 A ti clamo, Padre mío; Roca mía, no te hagas sordo a mí, porque si guardas silencio para conmigo, llegaré a ser como los que descienden a la fosa.
2 Oye la voz de mis súplicas cuando a ti clamo por ayuda, cuando alzo mis manos hacia tu santo santuario.
3 No me arrebates junto con los impíos, con los que hacen el mal, que hablan de paz con sus prójimos mientras la maldad está en su corazón. 4 Págales conforme a sus obras, conforme a la maldad de sus hechos; págales conforme a la obra de sus manos; dales su merecido. 5 Por cuanto no atienden a las obras de mi Padre ni a la obra de sus manos, él los derribará y nunca los edificará.
6 Bendito sea nuestro Padre, porque ha oído la voz de mis súplicas. 7 Mi Padre es mi fortaleza y mi escudo; en él confía mi corazón, y soy ayudado. Mi corazón se regocija, y con mi cántico le doy gracias.
8 Mi Padre es la fortaleza de su pueblo; él es el refugio de salvación de su ungido. 9 Salva a tu pueblo y bendice a tu heredad; pastoréalos y susténtalos para siempre.