Mi Luz, mi Fortaleza
Salmo de David.
27 1 Mi Padre es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Mi Padre es la fortaleza de mi vida, ¿de quién he de atemorizarme?
2 Cuando los malhechores se acercan contra mí para devorar mi carne —mis adversarios y mis enemigos—, ellos son los que tropiezan y caen. 3 Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no temerá; aunque contra mí se levante guerra, aun entonces estaré confiado.
4 Una cosa le he pedido a mi Padre, esto es lo que busco: que more en su casa todos los días de mi vida, para contemplar su hermosura y buscarlo en su templo. 5 Porque él me esconderá en su refugio cuando venga la angustia; me ocultará bajo la cubierta de su tienda; me pondrá en alto sobre una roca. 6 Y ahora mi cabeza se levantará en alto por encima de mis enemigos que me rodean, y ofreceré sacrificios en su tienda con gritos de júbilo; cantaré y entonaré alabanzas a mi Padre.
7 Escucha mi voz, Padre mío, cuando clamo; ten piedad de mí y respóndeme. 8 Mi corazón me dice de ti: «Busca su rostro». Tu rostro, Padre mío, buscaré. 9 No escondas de mí tu rostro; no apartes con ira a tu siervo; tú has sido mi ayuda. No me abandones ni me desampares, Padre mío, salvación mía. 10 Aunque mi padre y mi madre me abandonen, mi Padre me recibirá. a a v10 Aun cuando el amor humano más cercano falle, nuestro Padre acoge en su propia casa al hijo abandonado; este es su corazón para cada uno de sus hijos.
11 Enséñame tu camino, Padre mío, y guíame por una senda llana a causa de los que me acechan. 12 No me entregues a la voluntad de mis adversarios, porque se han levantado contra mí testigos falsos que respiran violencia.
13 De esto estoy seguro: veré la bondad de mi Padre en la tierra de los vivientes. 14 Espera en nuestro Padre; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera en nuestro Padre.