A ti levanto mi alma
Salmo de David.
25 1 A ti, Padre mío, levanto mi alma.
2 Padre mío, en ti confío; no sea yo avergonzado, no triunfen sobre mí mis enemigos. 3 Ciertamente, ninguno de los que esperan en ti será avergonzado; serán avergonzados los que traicionan sin causa.
4 Muéstrame tus caminos, Padre mío; enséñame tus sendas. 5 Guíame en tu verdad y enséñame, porque tú eres nuestro Padre, mi salvación; en ti espero todo el día. 6 Acuérdate de tu tierna compasión, Padre mío, y de tu amor del pacto, porque son desde la antigüedad. 7 No recuerdes los pecados de mi juventud ni mis rebeliones; acuérdate de mí según tu amor del pacto, por causa de tu bondad, Padre mío.
8 Bueno y recto es nuestro Padre; por eso instruye a los pecadores en el camino. 9 Encamina a los humildes en la justicia, y enseña a los humildes su camino. 10 Todas las sendas de nuestro Padre son amor fiel y fidelidad para los que guardan su pacto y sus testimonios.
11 Por amor de tu nombre, Padre mío, perdona mi iniquidad, porque es grande. 12 ¿Quién es el hombre que teme a nuestro Padre? Él le instruirá en el camino que debe escoger. 13 Su alma reposará en el bienestar, y sus hijos heredarán la tierra. 14 La comunión íntima de nuestro Padre es para los que le temen, y a ellos les da a conocer su pacto. 15 Mis ojos están siempre hacia nuestro Padre, porque él sacará mis pies de la red.
16 Vuélvete a mí y ten piedad de mí, porque estoy solo y afligido. 17 Las angustias de mi corazón se han aumentado; sácame de mis congojas. 18 Mira mi aflicción y mi fatiga, y quita todos mis pecados. 19 Mira mis enemigos, porque son muchos, y con odio violento me aborrecen.
20 Guarda mi alma y líbrame; no sea yo avergonzado, porque en ti me refugio. 21 Integridad y rectitud me guarden, porque en ti espero.
22 Redime a Israel, nuestro Padre, de todas sus angustias.