Guárdame a salvo
Salmo áureo de David.
16 1 Guárdame a salvo, Padre mío, porque en ti me refugio.
2 Le digo a mi Padre: Tú eres mi Padre soberano; fuera de ti, no tengo bien alguno. 3 En cuanto a los santos que están en la tierra, ellos son los íntegros en quienes hallo toda mi delicia. 4 Se multiplicarán los dolores de quienes corren tras otro dios; no derramaré sus libaciones de sangre, ni pronunciaré sus nombres con mis labios.
5 Mi Padre es la porción que he escogido y mi copa; tú sostienes segura mi suerte. 6 Las líneas divisorias me han caído en lugares deleitosos; en verdad tengo una hermosa herencia.
7 Bendeciré a mi Padre, que me aconseja; aun de noche mi corazón me instruye. 8 Tengo siempre presente a mi Padre; porque él está a mi diestra, no seré conmovido.
9 Por tanto, se alegra mi corazón y se regocija todo mi ser; también mi cuerpo reposará seguro. 10 Porque no abandonarás mi alma en el sepulcro, ni permitirás que tu santo vea corrupción. a a v10 Pedro en Pentecostés (Hechos 2:25-28) y Pablo (Hechos 13:35) aplicaron estas palabras a Jesús: la confianza de David en nuestro Padre llegó a ser la resurrección del Hijo de entre los muertos, sin que su cuerpo viera jamás corrupción. 11 Me muestras la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo, a tu diestra hay deleites para siempre.