Cántico. Salmo de David.
108 1 Mi corazón está firme, Padre mío; cantaré y haré música con todo mi ser. 2 ¡Despertad, arpa y lira! Yo despertaré al alba. 3 Te alabaré entre los pueblos, Padre mío; haré música para ti entre las naciones. 4 Porque tu amor fiel es grande, más alto que los cielos, y tu fidelidad alcanza el firmamento.
5 Sé exaltado, Padre mío, por encima de los cielos, y que tu gloria cubra toda la tierra. 6 Sálvanos con tu diestra y respóndeme, para que sean librados aquellos a quienes amas.
7 Nuestro Padre ha hablado en su santidad: «Triunfante repartiré Siquem y mediré el valle de Sucot.» 8 Mío es Galaad, mío es Manasés; Efraín es mi casco, Judá es mi cetro.
9 Moab es la vasija en que me lavo; sobre Edom arrojo mi sandalia; sobre Filistea lanzo gritos de triunfo.
10 ¿Quién me llevará a la ciudad fortificada? ¿Quién me guiará hasta Edom? 11 ¿No eres tú, nuestro Padre, quien nos rechazaste, y ya no sales con nuestros ejércitos? 12 Danos ayuda contra el enemigo, porque vana es la liberación que da el hombre. 13 Con nuestro Padre obtendremos la victoria, y él pisoteará a nuestros enemigos.