Su amor fiel perdura para siempre
107 1 Den gracias a nuestro Padre, porque él es bueno; su amor fiel es para siempre.
2 Que lo digan los redimidos de nuestro Padre, aquellos que él redimió de la mano del enemigo, 3 y a quienes reunió de las tierras, del oriente y del occidente, del norte y del mar.
4 Algunos vagaban por el desierto, por lugares desolados, sin hallar camino a una ciudad donde habitar. 5 Hambrientos y sedientos, su alma desfallecía. 6 Entonces clamaron a nuestro Padre en su angustia, y él los libró de sus aflicciones. 7 Los guio por camino recto, hasta llegar a una ciudad donde habitar. 8 Que den gracias a nuestro Padre por su amor fiel, por sus obras maravillosas para con los hijos de los hombres. 9 Porque él sacia al alma anhelante y llena de bienes al alma hambrienta.
10 Algunos moraban en tinieblas y sombra de muerte, prisioneros en aflicción y en cadenas de hierro, 11 por cuanto se rebelaron contra las palabras de nuestro Padre y despreciaron el consejo del Altísimo. 12 Por eso humilló su corazón con duros trabajos; cayeron, y no hubo quien los ayudara. 13 Entonces clamaron a nuestro Padre en su angustia, y él los salvó de sus aflicciones. 14 Los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus cadenas. 15 Que den gracias a nuestro Padre por su amor fiel, por sus obras maravillosas para con los hijos de los hombres. 16 Porque quebró las puertas de bronce y rompió los cerrojos de hierro.
17 Algunos fueron insensatos por su camino de rebeldía, y por sus pecados fueron afligidos. 18 Su alma aborreció todo alimento y llegaron hasta las puertas de la muerte. 19 Entonces clamaron a nuestro Padre en su angustia, y él los salvó de sus aflicciones. 20 Envió su palabra y los sanó, y los libró de la fosa. 21 Que den gracias a nuestro Padre por su amor fiel, por sus obras maravillosas para con los hijos de los hombres. 22 Que ofrezcan sacrificios de acción de gracias, y proclamen sus obras con cánticos de alegría.
23 Algunos descendieron al mar en naves, haciendo negocio en las grandes aguas. 24 Ellos vieron las obras de nuestro Padre, sus maravillas en las profundidades. 25 Porque habló e hizo levantar un viento tempestuoso que encrespó las olas. 26 Subían a los cielos y descendían a los abismos; su valor se derretía en el peligro. 27 Temblaban y se tambaleaban como ebrios, y toda su destreza se desvanecía. 28 Entonces clamaron a nuestro Padre en su angustia, y él los sacó de sus aflicciones. 29 Calmó la tempestad hasta un susurro, y las olas del mar callaron. 30 Entonces se alegraron porque las aguas se calmaron, y él los guio al puerto que anhelaban. 31 Que den gracias a nuestro Padre por su amor fiel, por sus obras maravillosas para con los hijos de los hombres. 32 Que lo exalten en la asamblea del pueblo, y lo alaben en el consejo de los ancianos.
33 Él convierte los ríos en desierto, los manantiales de agua en tierra sedienta, 34 la tierra fértil en salinas estériles, por la maldad de los que en ella habitan. 35 Convierte el desierto en estanques de agua, la tierra reseca en manantiales de agua. 36 Allí asienta a los hambrientos, y ellos fundan una ciudad donde habitar. 37 Siembran campos y plantan viñas que dan abundante cosecha. 38 Los bendice, y se multiplican en gran manera, y no deja que disminuya su ganado.
39 Cuando son disminuidos y abatidos por la opresión, la calamidad y el dolor, 40 él derrama desprecio sobre los príncipes y los hace vagar por un desierto sin caminos; 41 pero levanta de la aflicción al necesitado y hace sus familias como rebaños. 42 Los rectos lo ven y se alegran, y toda maldad cierra la boca.
43 El que sea sabio, que preste atención a estas cosas y considere el amor fiel de nuestro Padre.