Fianzas y promesas
Cuatro advertencias sin conexión. Líbrate de inmediato de una fianza imprudente por un vecino. Mira a la hormiga si no puedes levantarte de la cama. Cuídate del alborotador que guiña y hace señas. Siete cosas que nuestro Padre aborrece. Y de nuevo el adulterio, como fuego llevado dentro de la camisa.
6 1Hijo mío, si has salido fiador por tu prójimo, si has estrechado la mano en prenda por un extraño, 2has quedado atrapado por las palabras de tu boca, preso por los dichos de tus labios. 3Haz entonces esto, hijo mío, y líbrate, pues has caído en manos de tu prójimo: ve, humíllate e insiste ante tu prójimo. 4No des sueño a tus ojos, ni reposo a tus párpados. 5Líbrate como la gacela de la mano, como el ave de la mano del cazador.
6Ve a la hormiga, perezoso; observa sus caminos y sé sabio. 7Sin tener capitán, ni oficial, ni gobernante, 8prepara su pan en el verano y recoge su alimento en la cosecha.
9¿Hasta cuándo seguirás acostado, perezoso? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? 10Un poco de sueño, un poco de dormir, un poco de cruzar las manos para reposar, 11y vendrá tu pobreza como un ladrón, y tu escasez como un hombre armado.
12El hombre indigno, el malvado, anda con palabras torcidas, 13guiña los ojos, hace señas con los pies, señala con los dedos, 14con corazón perverso trama el mal, sembrando discordia sin cesar; 15por eso vendrá su ruina de repente; en un instante será quebrantado sin remedio.
16Seis cosas hay que aborrece nuestro Padre, y siete le son detestables: 17los ojos altivos, la lengua mentirosa, y las manos que derraman sangre inocente, 18el corazón que trama planes perversos, los pies que corren presurosos al mal, 19el testigo falso que respira mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.
Las palabras de tu Padre, tu escudo
20Hijo mío, guarda el mandamiento de tu padre, y no abandones la enseñanza de tu madre. 21Átalos siempre a tu corazón; enlázalos alrededor de tu cuello. 22Cuando andes, te guiarán; cuando te acuestes, velarán por ti; y cuando despiertes, hablarán contigo. 23Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y las reprensiones de la disciplina son el camino de la vida, 24para guardarte de la mujer malvada, de la lengua suave de la adúltera.
25No codicies su hermosura en tu corazón, ni dejes que te cautive con sus pestañas; 26porque el precio de una prostituta es apenas un pedazo de pan, pero la mujer casada caza una vida preciosa. 27¿Puede un hombre llevar fuego junto a su pecho sin que se quemen sus ropas? 28¿O puede alguien andar sobre brasas encendidas sin que se abrasen sus pies? 29Así le sucede al que se acuesta con la mujer de su prójimo; ninguno que la toque quedará impune.
30La gente no desprecia al ladrón si roba para saciar su apetito cuando tiene hambre, 31pero si lo atrapan, pagará siete veces; entregará todos los bienes de su casa. 32El que comete adulterio carece de juicio; el que lo hace se destruye a sí mismo. 33Heridas y deshonra recibirá, y su afrenta no será borrada.
34Porque los celos enfurecen al hombre, y no tendrá misericordia en el día de la venganza. 35No aceptará ninguna compensación; se negará por grande que sea el soborno.