Palabras imprudentes, lengua que sana
Trata sobre todo del trabajo, las palabras y lo que los demás pueden ver. Las manos diligentes gobiernan mientras la pereza acaba en trabajos forzados; las palabras imprudentes hieren como espada, y la lengua mentirosa dura solo un instante. Entre ellas, una línea discreta: la ansiedad abate el corazón, y una palabra amable lo levanta.
12 1El que ama la disciplina ama el conocimiento, pero el que aborrece la corrección es insensato. 2El hombre bueno alcanza el favor de nuestro Padre, pero él condena al hombre que trama el mal. 3Nadie se establece por medio de la maldad, pero la raíz de los justos jamás será removida. 4La mujer virtuosa es corona de su esposo, pero la que lo avergüenza es como carcoma en sus huesos. 5Los planes de los justos son rectos, pero el consejo de los malvados es engañoso. 6Las palabras de los malvados acechan para derramar sangre, pero el hablar de los rectos rescata a los inocentes. 7Los malvados son derribados y dejan de existir, pero la casa de los justos permanecerá firme. 8A cada persona se la alaba según su buen juicio, pero al de mente torcida se le desprecia. 9Más vale ser humilde y tener un siervo, que fingir grandeza y quedarse sin pan. 10El justo cuida de las necesidades de sus animales, pero aun la misericordia de los malvados es cruel. 11El que trabaja su tierra tendrá pan en abundancia, pero al que persigue vanidades le falta juicio. 12Los malvados codician el botín de los hombres perversos, pero la raíz de los justos da fruto. 13El hombre malvado queda atrapado por su habla pecaminosa, pero el justo escapa de la angustia. 14Del fruto de sus palabras la persona se sacia de bienes, y la obra de sus manos vuelve para recompensarla. 15El camino del necio le parece recto a sus propios ojos, pero el sabio escucha el consejo. 16El necio muestra su enojo al instante, pero el prudente pasa por alto la ofensa. 17El que dice la verdad da un testimonio honesto, pero el testigo falso profiere mentiras. 18Las palabras imprudentes hieren como espada, pero la lengua de los sabios trae sanidad. 19Los labios veraces permanecen para siempre, pero la lengua mentirosa dura solo un instante. 20El engaño llena el corazón de los que traman el mal, pero el gozo pertenece a los que promueven la paz. 21Ningún daño alcanza a los justos, pero los malvados están llenos de aflicción. 22Los labios mentirosos son detestables para nuestro Padre, pero los que actúan con fidelidad son su deleite. 23El prudente guarda su conocimiento para sí, pero el corazón de los necios proclama a gritos la insensatez. 24Las manos diligentes gobernarán, pero la pereza termina en trabajos forzados. 25La ansiedad agobia el corazón, pero una palabra amable lo alegra. 26El justo guía a su prójimo, pero el camino de los malvados los extravía. 27El perezoso no asa lo que caza, pero el diligente aprecia sus posesiones. 28En la senda de la justicia hay vida, y a lo largo de ese camino no hay muerte.