Aférrate a la sabiduría
Un padre que observa desde su ventana cuenta lo que vio. Un joven sin juicio camina al anochecer hacia cierta casa y le sale al encuentro una mujer que ha hecho sus planes y sabe que su marido está de viaje. Él la sigue como buey al matadero.
7 1Hijo mío, guarda mis palabras, y atesora dentro de ti mis mandamientos.
2Guarda mis mandamientos y vivirás; cuida mi enseñanza como a la niña de tus ojos. 3Átalos a tus dedos; escríbelos en la tabla de tu corazón.
4Di a la sabiduría: «Tú eres mi hermana», y llama a la inteligencia tu amiga más querida, 5para que te guarden de la mujer prohibida, de la extraña de palabras suaves.
6Porque desde la ventana de mi casa miré a través de mi celosía, 7y vi entre los ingenuos, observé entre los jóvenes, a un muchacho falto de juicio, 8que pasaba por la calle junto a la esquina de ella, tomando el camino hacia su casa, 9al atardecer, cuando el día declinaba, en la oscuridad de la noche y la penumbra.
10Y he aquí que una mujer le sale al encuentro, vestida como una prostituta, con astucia en su corazón. 11Es bulliciosa y desafiante; sus pies no se quedan en casa. 12Ya en la calle, ya en las plazas, acecha en cada esquina. 13Lo agarra y lo besa, y con rostro descarado le dice:
14«Tenía que ofrecer sacrificios de paz; hoy he cumplido mis votos. a a v14 El sacrificio de paz se compartía como un banquete: ella quiere decir que tiene comida preparada y un motivo para celebrar en casa. 15Por eso salí a tu encuentro, a buscarte con ansias, y te he hallado. 16He tendido mi cama con colchas, con linos de colores de Egipto. 17He perfumado mi lecho con mirra, áloes y canela. 18Ven, embriaguémonos de amor hasta la mañana; deleitémonos en los amores. 19Porque mi marido no está en casa; se ha ido en un largo viaje. 20Se llevó consigo una bolsa de dinero y no volverá a casa hasta la luna llena».
21Con todas sus palabras persuasivas lo seduce; con sus labios suaves lo arrastra. 22De pronto él la sigue, como buey que va al matadero, como ciervo que cae en la trampa, 23hasta que una flecha le atraviesa el hígado; como ave que se lanza al lazo, sin saber que le costará la vida.
24Ahora pues, hijos míos, escúchenme, y presten atención a lo que digo. 25No dejes que tu corazón se desvíe hacia sus caminos; no te extravíes por sus sendas. 26Porque a muchos ha derribado heridos; numerosos son los que ha matado. 27Su casa es el camino al sepulcro, que desciende a las cámaras de la muerte.