El Padre libera a un cautivo
Jesús libera a un hombre que vivía entre los sepulcros hiriéndose a sí mismo y lo envía a contar lo que nuestro Padre ha hecho; los del pueblo le ruegan que se vaya. Una mujer que sangraba desde hacía doce años toca su manto y queda sana. Resucita a la hija de Jairo después de que los que lloraban se burlan.
5 1Llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. 2Cuando Jesús salió de la barca, en seguida le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo. 3Vivía entre los sepulcros, y nadie podía ya atarlo, ni siquiera con una cadena. 4Pues muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero rompía las cadenas y destrozaba los grillos; y nadie tenía fuerza para dominarlo. 5Noche y día, entre los sepulcros y por los montes, gritaba sin cesar y se hería con piedras. 6Y cuando vio a Jesús de lejos, corrió y se postró ante él. 7Gritando a gran voz, dijo: «¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? ¡Te ruego por Dios que no me atormentes!»
8Porque Jesús le había dicho: «¡Sal de este hombre, espíritu inmundo!»
9Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?» «Legión —respondió—, porque somos muchos.» a a v9 Una legión romana contaba con unos seis mil soldados; el nombre revela que este hombre era atormentado por miles de espíritus malignos.
10Y le rogaba insistentemente que no los enviara fuera de aquella región. 11Cerca de allí, en la ladera del monte, había una gran manada de cerdos paciendo. 12Y los espíritus le rogaron: «Envíanos a los cerdos; déjanos entrar en ellos.»
13Él les dio permiso. Los espíritus inmundos salieron y entraron en los cerdos; y la manada —unos dos mil— se precipitó por el despeñadero al mar, y en el mar se ahogaron. 14Los que cuidaban los cerdos huyeron y lo contaron en el pueblo y por los campos; y la gente fue a ver lo que había sucedido. 15Llegaron a donde estaba Jesús y vieron al que había estado poseído por los demonios, el que había tenido la legión, sentado, vestido y en su sano juicio; y tuvieron miedo. 16Los que lo habían visto les contaron lo que le había sucedido al endemoniado, y lo de los cerdos. 17Y comenzaron a rogarle a Jesús que se fuera de su región.
18Cuando Jesús subía a la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejara estar con él.
19Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa, con los tuyos, y cuéntales cuánto ha hecho por ti nuestro Padre, y cómo ha tenido misericordia de ti.» b b v19 Donde otras traducciones dicen «el Señor», la FHB nombra a nuestro Padre: Jesús envía a casa al hombre sanado para que hable de la misericordia del Padre, la misma misericordia que el hombre ve luego revelada en Jesús mismo.
20Él se fue y comenzó a proclamar en Decápolis cuánto había hecho Jesús por él, y todos se asombraban. c c v20 Decápolis —«diez ciudades» en griego— era una región de ciudades en su mayoría gentiles, al sur y al este del mar de Galilea.
Sanada por la fe, resucitada por el amor
21Cuando Jesús cruzó de nuevo en la barca al otro lado, se reunió alrededor de él una gran multitud junto al mar. 22Entonces vino uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús se postró a sus pies, 23y le rogó con insistencia: «Mi hijita se está muriendo. Ven y pon las manos sobre ella, para que sane y viva.»
24Jesús fue con él. Y lo seguía una gran multitud que lo apretujaba. 25Había allí una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años. 26Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno; al contrario, iba de mal en peor. 27Cuando oyó hablar de Jesús, se acercó por detrás entre la multitud y tocó su manto. 28Porque decía: «Si tan solo toco sus vestidos, quedaré sana.» 29Al instante se secó su flujo de sangre, y sintió en su cuerpo que estaba sana de su aflicción.
30En seguida Jesús, consciente de que había salido poder de él, se volvió hacia la multitud y preguntó: «¿Quién ha tocado mis vestidos?»
31Sus discípulos le dijeron: «Ves que la multitud te apretuja, y aun así preguntas: “¿Quién me ha tocado?”»
32Pero él seguía mirando a su alrededor para ver quién lo había hecho. 33Entonces la mujer, temerosa y temblando, sabiendo lo que le había sucedido, vino y se postró ante él, y le dijo toda la verdad.
34Él le dijo: «Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz, y queda sana de tu aflicción.»
35Todavía estaba hablando cuando llegaron de la casa del jefe de la sinagoga, diciendo: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestas más al Maestro?»
36Pero Jesús, al oír lo que decían, le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; solo cree.»
37Y no permitió que nadie lo siguiera, sino Pedro, Jacobo y Juan, el hermano de Jacobo. 38Llegaron a la casa del jefe de la sinagoga, y Jesús vio el alboroto: gente que lloraba y se lamentaba a gritos.
39Al entrar, les dijo: «¿Por qué tanto alboroto y llanto? La niña no está muerta, sino dormida.»
40Y se burlaban de él. Pero él los sacó a todos, tomó consigo al padre y a la madre de la niña y a los que lo acompañaban, y entró a donde estaba la niña.
41La tomó de la mano y le dijo: «Talita cum», que significa: «Niña, a ti te digo, ¡levántate!»
42Al instante la niña se levantó y echó a andar, pues tenía doce años; y al momento quedaron sobrecogidos de gran asombro. 43Él les ordenó terminantemente que nadie se enterara de esto, y mandó que le dieran de comer.