Jesús, Señor del día de reposo
Dos conflictos en sábado dejan furiosos a sus adversarios. Después de pasar toda una noche orando a su Padre, Jesús nombra a doce y luego enseña en un llano: bienaventuranzas para los pobres y los hambrientos, ayes para los saciados y los bien considerados, amor a los enemigos, y la advertencia de que oír sin hacer no pone cimiento alguno.
6 1En un día de reposo, Jesús caminaba por los sembrados; sus discípulos arrancaban espigas, las restregaban entre las manos y comían. 2Algunos de los fariseos dijeron: «¿Por qué hacéis lo que no es lícito en el día de reposo?».
3Jesús les respondió: «¿No habéis leído lo que hizo David cuando él y los que lo acompañaban tuvieron hambre, 4cómo entró en la casa de nuestro Padre, tomó los panes de la proposición, comió y dio también a sus compañeros, aunque no es lícito comerlos sino solo a los sacerdotes?». 5Entonces les dijo: «El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo».
6En otro día de reposo entró en la sinagoga y enseñaba; allí había un hombre que tenía seca la mano derecha. 7Los escribas y los fariseos lo observaban de cerca para ver si sanaría en el día de reposo, a fin de hallar de qué acusarlo.
8Pero él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ponte en medio». Y él se levantó y se puso allí. 9Entonces Jesús les dijo: «Os pregunto: ¿es lícito en el día de reposo hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o destruirla?». 10Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: «Extiende tu mano». Él lo hizo, y su mano quedó restaurada.
11Pero ellos, llenos de furor, discutían entre sí qué harían con Jesús.
La elección de los doce apóstoles
12En aquellos días, Jesús salió al monte a orar, y pasó toda la noche orando a nuestro Padre. 13Al amanecer llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a quienes llamó apóstoles: 14Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Jacobo y Juan; Felipe y Bartolomé; 15Mateo y Tomás; Jacobo hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Zelote; 16Judas hijo de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser traidor.
El poder de nuestro Padre sana a las multitudes
17Descendió con ellos y se detuvo en un lugar llano, con una gran multitud de sus discípulos y una gran muchedumbre de gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. 18Habían venido para oírlo y para ser sanados de sus enfermedades; y los atormentados por espíritus inmundos también eran curados. 19Toda la multitud procuraba tocarlo, porque de él salía poder que a todos sanaba.
20Alzando los ojos hacia sus discípulos, dijo: «Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de nuestro Padre.
21»Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. 22Bienaventurados sois cuando los hombres os aborrecen, y cuando os apartan de sí, os vituperan y desechan vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. 23Alegraos en aquel día y saltad de gozo, porque grande es vuestra recompensa en el cielo; pues así trataron a los profetas los antepasados de los que os persiguen.
24Pero ¡ay de vosotros los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! 25¡Ay de vosotros los que ahora estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque lamentaréis y lloraréis! 26¡Ay de vosotros cuando todos hablen bien de vosotros, porque así trataron a los falsos profetas los antepasados de los que adulan!
Amad a vuestros enemigos
27Pero a vosotros los que escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, 28bendecid a los que os maldicen, orad por los que os maltratan. 29Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues tampoco la túnica. 30A todo el que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no se lo reclames. 31Haced con los demás como queréis que ellos hagan con vosotros.
32Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Aun los pecadores aman a los que los aman. 33Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Aun los pecadores hacen lo mismo. 34Y si prestáis esperando recibir, ¿qué mérito tenéis? Aun los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto. 35Pero amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bondadoso con los ingratos y los malos. 36Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso.
No juzguéis
37No juzguéis, y no seréis juzgados. No condenéis, y no seréis condenados. Perdonad, y seréis perdonados. 38Dad, y se os dará: medida buena, apretada, remecida y rebosante se os echará en el regazo. Porque con la medida con que medís, se os volverá a medir».
39También les dijo una parábola: «¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? 40Ningún discípulo supera a su maestro; pero todo el que sea plenamente instruido llegará a ser como su maestro. 41¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está en tu propio ojo? 42¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo”, cuando tú no ves la viga que está en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.
Por su fruto son conocidos
43Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno. 44Cada árbol se conoce por su propio fruto; pues no se recogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas de las zarzas. 45La persona buena, del buen tesoro de su corazón saca el bien; y la persona mala, del mal tesoro saca el mal; porque de la abundancia del corazón habla la boca.
Edificar sobre la roca
46¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo? 47Todo el que viene a mí, y oye mis palabras y las pone en práctica, os mostraré a quién es semejante: 48Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó hondo y puso el fundamento sobre la roca. Cuando vino la inundación, el río se estrelló contra aquella casa, pero no pudo moverla, porque estaba bien edificada. 49Pero el que oye mis palabras y no las pone en práctica es semejante a un hombre que edificó una casa sobre la tierra, sin fundamento. El río se estrelló contra ella, y al instante se derrumbó; y grande fue la ruina de aquella casa».