El corazón entero de una viuda
Una viuda echa dos monedas y se dice que ha dado más que todos. Mientras admiran la piedra del templo, Jesús dice que nada de eso quedará, y describe guerras, arrestos, traición de la propia familia y Jerusalén rodeada, y dice a sus seguidores que se mantengan erguidos y vigilantes.
21 1Al levantar la mirada, Jesús vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca del tesoro del templo. 2También vio a una viuda pobre que echaba dos pequeñas monedas de cobre.
3«En verdad les digo», dijo, «que esta viuda pobre echó más que todos los demás. 4Porque todos estos dieron sus ofrendas de lo que les sobraba, pero ella, de su pobreza, dio todo lo que tenía para vivir».
El templo será destruido
5Como algunos hablaban del templo, adornado con hermosas piedras y con ofrendas dedicadas a nuestro Padre, él dijo:
6«En cuanto a esto que están mirando, vendrán días en que no quedará piedra sobre piedra; todas serán derribadas».
7«Maestro», le preguntaron, «¿cuándo sucederá esto, y qué señal habrá de que estas cosas están por acontecer?».
8«Tengan cuidado, no se dejen engañar», dijo. «Muchos vendrán en mi nombre, diciendo: “Yo soy”, y: “El tiempo está cerca”. No los sigan. 9Cuando oigan de guerras y revueltas, no se asusten. Es necesario que esto suceda primero, pero el fin no vendrá enseguida».
10Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación, y reino contra reino. 11Habrá grandes terremotos, y en varios lugares hambres y plagas, y terrores y grandes señales del cielo. 12Pero antes de todo esto, les echarán mano y los perseguirán, entregándolos a las sinagogas y a las cárceles, llevándolos ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre. 13Esto les servirá de oportunidad para dar testimonio. 14Así que decidan en su corazón no preparar de antemano su defensa, 15porque yo les daré palabras y sabiduría que ningún adversario podrá resistir ni refutar. 16Serán entregados aun por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de ustedes. 17Todos los odiarán por causa de mi nombre. 18Pero ni un cabello de su cabeza perecerá. 19Con su perseverancia ganarán su vida».
20«Cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan entonces que su desolación se ha acercado. 21Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; los que estén en la ciudad, salgan; y los que estén en los campos, no entren en ella, 22porque estos son días de juicio, en que se cumplirá todo lo que está escrito. 23¡Qué terrible será para las mujeres embarazadas y para las que estén amamantando en aquellos días! Porque habrá gran angustia sobre la tierra e ira contra este pueblo. 24Caerán a filo de espada y serán llevados cautivos a todas las naciones. Y Jerusalén será pisoteada por las naciones, hasta que se cumplan los tiempos de las naciones».
25«Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra, angustia entre las naciones, confundidas por el bramido y el oleaje del mar. 26La gente desfallecerá de miedo, temiendo lo que vendrá sobre el mundo, porque las potencias de los cielos serán sacudidas. 27Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube con poder y gran gloria. 28Cuando estas cosas comiencen a suceder, yérganse y levanten la cabeza, porque su redención está cerca».
29Entonces les contó una parábola: «Miren la higuera y todos los árboles. 30Cuando echan hojas, ustedes mismos ven y saben que el verano ya está cerca. 31Así también, cuando vean suceder estas cosas, sepan que el reino de nuestro Padre está cerca. 32En verdad les digo que no pasará esta generación hasta que todo esto haya sucedido. 33El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras jamás pasarán».
34«Cuídense, no sea que su corazón se cargue de disipación, embriaguez y las preocupaciones de esta vida, y aquel día caiga sobre ustedes de repente, como una trampa. 35Porque vendrá sobre todos los que habitan en la faz de toda la tierra. 36Velen en todo tiempo, orando para que tengan fuerza para escapar de todo lo que está por suceder, y para estar en pie delante del Hijo del Hombre».
37De día enseñaba en el templo; de noche salía y se quedaba en el monte de los Olivos. 38Y todo el pueblo venía a él al amanecer en el templo para escucharlo.