Cuestionan la autoridad de Jesús
Un día de trampas en el templo. Cuando le preguntan con qué autoridad actúa, responde con una pregunta que ellos esquivan, y luego habla de unos labradores que matan al hijo del dueño. Con una moneda da al César lo suyo y a nuestro Padre lo suyo, resuelve el enigma de la resurrección y advierte contra los escribas.
20 1Uno de aquellos días, mientras Jesús enseñaba al pueblo en el templo y anunciaba las buenas nuevas, se le acercaron los principales sacerdotes y los escribas con los ancianos, 2y le preguntaron: «Dinos con qué autoridad haces estas cosas, o quién te dio esta autoridad».
3Él les respondió: «Yo también les haré una pregunta. Díganme: 4¿El bautismo de Juan era del cielo, o de los hombres?»
5Ellos discutían entre sí: «Si decimos: “Del cielo”, dirá: “¿Por qué no le creyeron?”. 6Pero si decimos: “De los hombres”, todo el pueblo nos apedreará, porque están convencidos de que Juan era profeta». 7Así que respondieron que no sabían de dónde venía.
8Y Jesús les dijo: «Tampoco yo les diré con qué autoridad hago estas cosas».
El Padre envía a su Hijo amado
9Comenzó a contar al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, la arrendó a unos labradores y se fue lejos por mucho tiempo. 10«En la cosecha envió un siervo a los labradores para recibir su parte del fruto de la viña, pero ellos lo golpearon y lo despidieron con las manos vacías. 11Envió a otro siervo; también a este lo golpearon, lo humillaron y lo despidieron con las manos vacías. 12Y envió aún a un tercero, pero también a este lo hirieron y lo echaron fuera. 13El dueño de la viña dijo: “¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá lo respeten”.
14Pero al verlo, los labradores razonaron entre sí: “Este es el heredero. Matémoslo, para que la herencia sea nuestra”. 15Lo echaron fuera de la viña y lo mataron. ¿Qué, pues, les hará el dueño de la viña?
16Vendrá, destruirá a esos labradores y dará la viña a otros». Al oír esto, dijeron: «¡Que nunca suceda tal cosa!»
17Él los miró fijamente y preguntó: «¿Qué significa, entonces, lo que está escrito: “La piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la piedra angular”? a a v17 Una cita del Salmo 118:22. 18Todo el que caiga sobre esa piedra quedará hecho pedazos, y aquel sobre quien ella caiga quedará aplastado».
Dad al César, dad al Padre
19Los escribas y los principales sacerdotes quisieron arrestarlo en aquel mismo momento, pues sabían que contra ellos había dicho esta parábola; pero temían al pueblo. 20Vigilándolo de cerca, enviaron espías que fingían ser honrados, para sorprenderlo en alguna palabra y así entregarlo al poder y a la autoridad del gobernador. 21Le preguntaron: «Maestro, sabemos que hablas y enseñas rectamente, que no haces acepción de personas, sino que enseñas en verdad el camino de Dios. 22¿Nos es lícito pagar tributo al César, o no?»
23Pero él, percibiendo la astucia de ellos, les dijo:
24«Muéstrenme una moneda que valga el salario de un día. ¿De quién es la imagen y la inscripción que tiene?» Ellos dijeron: «Del César».
25Él les dijo: «Den, pues, al César lo que es del César, y a nuestro Padre lo que es de nuestro Padre».
26No pudieron sorprenderlo en palabra alguna delante del pueblo, y, admirados de su respuesta, callaron.
El Padre es Dios de los vivos
27Se acercaron algunos saduceos, los que niegan que haya resurrección, y le preguntaron: 28«Maestro, Moisés nos escribió: si un hombre muere dejando esposa pero sin hijos, su hermano debe casarse con la viuda y levantar descendencia para él. b b v28 Esto describe la ley del matrimonio por levirato registrada en Deuteronomio 25:5–6. 29Ahora bien, había siete hermanos. El primero tomó esposa y murió sin hijos. 30Y el segundo, 31y el tercero la tomó, y de igual manera los siete no dejaron hijos y murieron. 32Finalmente, también murió la mujer. 33En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será esposa? Porque los siete la tuvieron por mujer».
34Y Jesús les dijo: «Los hijos de este mundo se casan y se dan en casamiento,
35«Pero los que son considerados dignos de alcanzar aquel mundo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento. 36Porque ya no pueden morir, pues son como los ángeles y son hijos de nuestro Padre, al ser hijos de la resurrección. 37Pero aun Moisés mostró que los muertos resucitan, en el pasaje de la zarza, cuando llama a nuestro Padre el Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob. c c v37 El relato de la zarza ardiente está en Éxodo 3:2–6. 38Él no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven».
39Entonces algunos de los escribas respondieron: «Maestro, bien has hablado». 40Y ya no se atrevían a preguntarle nada.
¿De quién es hijo el Cristo?
41Pero él les dijo: «¿Cómo pueden decir que el Cristo es hijo de David?
42Pues el mismo David dice en los Salmos: “Nuestro Padre dijo a mi Señor: ‘Siéntate a mi diestra, d d v42 Una cita del Salmo 110:1. 43hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies’”.
44Entonces David lo llama Señor; ¿cómo, pues, es su hijo?»
45Mientras todo el pueblo escuchaba, dijo a sus discípulos:
46«Cuídense de los escribas, que gustan de andar con largas túnicas, y aman las salutaciones en las plazas, los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes, 47que devoran las casas de las viudas y, como pretexto, hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación».