Todo sacrificio me pertenece
Todo animal sacrificado debe llevarse a la entrada de la tienda, no ofrecerse en campo abierto a demonios con forma de macho cabrío. Nunca se puede comer la sangre, porque la vida está en la sangre, y nuestro Padre la dio sobre el altar para hacer expiación por sus vidas.
17 1Nuestro Padre habló a Moisés, diciendo:
2«Habla a Aarón, a sus hijos y a todo Israel, y diles: Esto es lo que he ordenado: 3Cualquier israelita que degüelle un buey, un cordero o una cabra dentro del campamento, o fuera del campamento, 4y no lo traiga a la entrada de la tienda de reunión para ofrecérmelo delante de mi tabernáculo, ese hombre es culpable de derramamiento de sangre; ha vertido sangre y será eliminado de su pueblo. 5Así los israelitas traerán sus sacrificios, que ahora ofrecen en campo abierto, al sacerdote a la entrada de la tienda de reunión, ofreciéndomelos como ofrendas de paz. 6A la entrada de la tienda de reunión, el sacerdote rociará la sangre sobre mi altar y quemará la grasa, aroma grato para mí. 7Ya no deberán sacrificar a los demonios cabríos con los que se prostituyen. Esta es una ley perpetua para todas sus generaciones.
8«Diles: Cualquier israelita, o extranjero que viva entre ellos, que ofrezca un holocausto o sacrificio, 9y no lo traiga a la entrada de la tienda de reunión para ofrecérmelo, ese hombre será eliminado de su pueblo.
10«Cualquier hombre de la casa de Israel, o extranjero que viva entre ellos, que coma cualquier clase de sangre, pondré mi rostro contra esa persona y la eliminaré de su pueblo. 11La sangre es la vida de la carne; yo os la he dado sobre el altar para hacer expiación por vuestras almas, pues la sangre hace expiación por la vida. a a v11 Nuestro Padre mismo dio la sangre como medio de expiación, y la sangre de cada sacrificio apuntaba hacia adelante a la sangre de Jesús, derramada para cubrir a sus hijos una vez para siempre. 12Por eso dije a Israel: Ninguno de vosotros ha de comer sangre, ni tampoco ningún extranjero que viva entre vosotros.
13«Cualquier israelita o extranjero entre ellos que cace un animal o un ave que se pueda comer deberá derramar su sangre y cubrirla con tierra. 14La vida de toda criatura está en su sangre. Por eso dije a los israelitas: No comáis la sangre de ninguna criatura, pues la vida de toda criatura es su sangre; cualquiera que la coma será eliminado.
15«Todo el que, natural o extranjero, coma un animal muerto por sí mismo o despedazado por las fieras deberá lavar sus ropas, bañarse en agua, quedar impuro hasta el atardecer, y entonces quedará limpio. 16Pero si no las lava ni baña su cuerpo, cargará con su culpa».