El Padre levanta a un hijo rechazado
Jefté, hijo de una prostituta expulsado por sus hermanos, es rogado a volver por los ancianos que lo odiaban. Promete dar a nuestro Padre lo primero que salga por su puerta si Amón cae. Llega la victoria, y también su única hija, con panderos. Él cumple el voto.
11 1Jefté el galaadita era un guerrero valiente, pero hijo de una prostituta. Galaad era su padre. 2También la esposa de Galaad le dio hijos. Cuando crecieron, echaron fuera a Jefté, diciéndole: «Tú no heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer». 3Jefté huyó de sus hermanos y habitó en la tierra de Tob, donde se le juntaron hombres ociosos que salían con él.
4Tiempo después, los amonitas hicieron guerra contra Israel. 5Cuando Amón peleaba contra Israel, los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la tierra de Tob. 6Y dijeron a Jefté: «Ven, sé nuestro caudillo, para que peleemos contra los amonitas».
7Jefté respondió a los ancianos de Galaad: «¿No me odiasteis y me echasteis de la casa de mi padre? ¿Por qué venís ahora a mí, cuando estáis en apuros?».
8Los ancianos de Galaad respondieron: «Por eso hemos vuelto ahora a ti: ven con nosotros a pelear contra los amonitas, y serás nuestro jefe sobre todos los que habitan en Galaad».
9Jefté dijo a los ancianos de Galaad: «Si me hacéis volver para pelear contra los amonitas, y nuestro Padre me los entrega, seré vuestro jefe».
10Los ancianos de Galaad dijeron a Jefté: «Nuestro Padre sea testigo entre nosotros si no hacemos conforme a tu palabra».
11Jefté fue con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo puso por jefe y caudillo suyo. Y Jefté habló todas sus palabras delante de nuestro Padre en Mizpa.
12Entonces Jefté envió mensajeros al rey de los amonitas, diciendo: «¿Qué hay entre nosotros, para que hayas venido a pelear contra mi tierra?».
13El rey de los amonitas respondió a los mensajeros de Jefté: «Porque Israel tomó mi tierra desde el Arnón hasta el Jaboc y el Jordán cuando subió de Egipto; devuélvela ahora en paz».
14Jefté volvió a enviar mensajeros al rey de los amonitas, 15y le dijo: «Así dice Jefté: Israel no tomó tierra de Moab ni de Amón. 16Cuando Israel subió de Egipto, cruzó el desierto hasta el Mar Rojo y llegó a Cades. 17Israel envió mensajeros al rey de Edom, diciendo: “Déjanos pasar, te ruego, por tu tierra”, pero él no quiso escuchar. También envió al rey de Moab, pero se negó. Así que Israel se quedó en Cades. 18Luego anduvo por el desierto, rodeó a Edom y a Moab, y llegó al oriente de Moab. Acamparon al otro lado del Arnón, sin entrar en el territorio de Moab, porque el Arnón marcaba su frontera. 19Entonces Israel envió mensajeros a Sehón, rey de los amorreos, rey de Hesbón, diciéndole: “Déjanos pasar por tu tierra hasta nuestro lugar”. 20Pero Sehón no se fio de Israel para dejarlo pasar por su territorio; reunió a todo su pueblo, acampó en Jahaza y peleó contra Israel. 21Entonces nuestro Padre, el Dios de Israel, entregó a Sehón y a todo su pueblo en manos de Israel, que los derrotó y tomó toda la tierra de los amorreos que habitaban allí. 22Tomaron toda la tierra de los amorreos, desde el Arnón hasta el Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán. 23Así que nuestro Padre, el Dios de Israel, echó a los amorreos delante de su pueblo Israel, ¿y tú la vas a poseer? 24¿No poseerás tú lo que Quemos, tu dios, te dé a poseer? Pues nosotros poseeremos todo lo que nuestro Padre ha echado delante de nosotros. 25¿Acaso eres tú mejor que Balac hijo de Zipor, rey de Moab? ¿Contendió él alguna vez con Israel, o peleó contra ellos? 26Durante 300 años Israel habitó en Hesbón y sus aldeas, en Aroer y sus aldeas, y en todas las ciudades a lo largo del Arnón. ¿Por qué no las recobrasteis en aquel tiempo? 27Yo no te he hecho mal, pero tú me haces mal al guerrear contra mí. Que nuestro Padre, el Juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón».
28Pero el rey de los amonitas no hizo caso al mensaje que Jefté le envió.
El Espíritu del Padre y un voto trágico
29Entonces el Espíritu de nuestro Padre vino sobre Jefté. Y él pasó por Galaad y Manasés, pasó por Mizpa de Galaad, y desde Mizpa de Galaad avanzó contra los amonitas.
30Y Jefté hizo un voto a nuestro Padre, diciendo: «Si entregas a los amonitas en mi mano, 31cualquiera que salga de las puertas de mi casa a recibirme cuando vuelva en paz de los amonitas, será de nuestro Padre, y lo ofreceré en holocausto».
32Jefté cruzó hacia los amonitas para pelear contra ellos, y nuestro Padre los entregó en su mano. 33Los derrotó desde Aroer hasta cerca de Minit —veinte ciudades— y hasta Abel-queramim, con una gran mortandad. Así fue sometido Amón delante de Israel.
34Jefté volvió a su casa en Mizpa, y su hija salió a recibirlo con panderos y danzas; era su única hija, no tenía otro hijo ni hija. 35Cuando la vio, rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ay, hija mía, me has abatido; te has vuelto mi angustia! He abierto mi boca a nuestro Padre, y no puedo retractarme».
36Ella le dijo: «Padre mío, has hecho un voto a nuestro Padre; haz de mí conforme a lo que prometiste, ya que nuestro Padre te ha vengado de tus enemigos, los amonitas». 37Y dijo a su padre: «Concédeme solo esto: déjame dos meses para bajar a los montes y llorar por mi virginidad, yo y mis compañeras».
38«Ve», le dijo, y la dejó ir por dos meses. Ella y sus amigas fueron y lloraron por su virginidad en los montes. 39Pasados los dos meses, ella volvió a su padre, quien cumplió en ella el voto que había hecho. Ella nunca había conocido varón; y se hizo costumbre en Israel, 40que cada año las hijas de Israel salían a conmemorar a la hija de Jefté el galaadita, cuatro días al año.