Job responde
Job está de acuerdo en que con Dios no se puede discutir, y ese es el problema. Nadie puede citarlo a juicio, y hasta la boca de un hombre intachable lo condenaría. Job dice que Dios destruye por igual al intachable y al malvado, y anhela un mediador que ponga la mano sobre ambos.
9 1Entonces Job respondió: 2«En verdad sé que esto es así. Pero ¿cómo puede un mortal ser justo delante de Dios? 3Si alguien quisiera contender con él, no podría responderle una vez entre mil. 4Él es sabio de corazón y grande en poder: ¿quién lo ha desafiado y ha salido ileso? 5Él remueve las montañas antes de que lo sepan, y las trastorna en su ira. 6Él sacude la tierra de su lugar, y sus columnas tiemblan. 7Él manda al sol, y no sale; y sella las estrellas. 8Solo él extendió los cielos y camina sobre las olas del mar. 9Él hizo la Osa, el Orión y las Pléyades, y las constelaciones del cielo del sur. 10Él hace cosas grandes e inescrutables, maravillas que no se pueden contar. 11Mira: pasa junto a mí, y no lo veo; sigue adelante, pero no lo percibo. 12Si él arrebata, ¿quién lo hará volver? ¿Quién le dirá: “¿Qué haces?”? 13Dios no retirará su ira; bajo él yacen postrados los que ayudaban a Rahab, el monstruo del mar. a a v13 Rahab aquí no es la mujer de Jericó, sino un antiguo nombre del monstruo del caos del mar: una imagen poética de todo poder que se resiste a Dios. 14¿Cuánto menos podré yo responderle, o escoger mis palabras para discutir con él? 15Aunque yo tuviera razón, no podría responderle; solo podría suplicar misericordia a mi juez. 16Si yo llamara y él me respondiera, no creería que estuviera escuchando mi voz. 17Porque me quebranta con una tormenta y multiplica mis heridas sin causa. 18No me deja recobrar el aliento, sino que me llena de amargura. 19Si es cuestión de fuerza, ¡él es el poderoso! Y si es cuestión de justicia, ¿quién puede citarlo a juicio? 20Aunque yo tuviera razón, mi propia boca me condenaría; aunque fuera intachable, ella me declararía perverso. 21Soy intachable; ya no me importa mi propia vida; desprecio mi existencia. 22Todo es lo mismo; por eso digo: él destruye tanto al intachable como al malvado. 23Cuando un desastre repentino trae la muerte, él se burla de la desesperación del inocente. 24La tierra es entregada en manos de los malvados; él venda los ojos de sus jueces. Si no es él, entonces ¿quién? 25Mis días son más veloces que un corredor; huyen sin ver el bien. 26Se deslizan como barcas de junco, como un águila que se lanza sobre su presa. 27Si digo: “Olvidaré mi queja, dejaré mi rostro sombrío y me mostraré alegre”, 28me estremezco ante todos mis dolores, pues sé que no me declararás inocente. 29Seré condenado; ¿para qué, entonces, esforzarme en vano? 30Aunque me lavara con nieve y limpiara mis manos con lejía, 31aun así me hundirías en el lodo, y hasta mis propias ropas me aborrecerían. 32Porque él no es un hombre como yo, para que yo le responda, para que juntos vayamos a juicio. 33No hay entre nosotros un mediador que ponga su mano sobre ambos. b b v33 Job anhela a alguien que pueda ponerse entre él y Dios, un mediador que ponga su mano sobre ambos. Ese anhelo halla su respuesta en Jesús, el único mediador entre Dios y los hombres (1 Ti 2:5). 34Que aparte de mí su vara, y que su terror ya no me espante. 35Entonces hablaría sin temerle; pero en mi situación, no soy libre de hacerlo».