Job responde desde el montón de cenizas
Job dice que si se pesara su angustia, pesaría más que la arena de los mares, y que las flechas del Todopoderoso están clavadas en él. Desea que Dios termine de una vez. Peor aún, sus amigos le fallan como los cauces del desierto que se secan cuando llegan los viajeros sedientos.
6 1Entonces Job respondió: 2«¡Ojalá pudiera pesarse mi angustia y ponerse toda mi calamidad junta en la balanza! 3Ciertamente pesaría más que la arena de los mares; por eso mis palabras han sido imprudentes. 4Porque las flechas del Todopoderoso están en mí; mi espíritu bebe su veneno; los terrores de Dios están dispuestos contra mí. 5¿Rebuzna el asno montés junto a la hierba, o muge el buey junto a su forraje? 6¿Se come sin sal la comida insípida, o hay algún sabor en el jugo de la malva? a a v6 La malva es una planta silvestre; su jugo aguado era soso y desagradable, imagen de un alimento sin nutrición ni atractivo. 7Mi alma rehúsa tocarlas; tales cosas son para mí comida repugnante. 8¡Ah, si tan solo se me concediera lo que pido, que Dios me diera lo que anhelo, 9que Dios quisiera aplastarme, soltar su mano y cortarme la vida! 10Este sería aún mi consuelo —saltaría de gozo aun en un dolor que no muestra misericordia—: que no he negado las palabras del Santo. 11¿Qué fuerza tengo, para seguir esperando? ¿Y qué fin me aguarda, para ser paciente? 12¿Es mi fuerza la fuerza de las piedras? ¿Es mi carne de bronce? 13¿No hay ninguna ayuda dentro de mí, ahora que la sana sabiduría ha sido apartada de mí? 14El que niega la bondad a su amigo abandona el temor del Todopoderoso. 15Pero mis hermanos son tan traicioneros como un arroyo del desierto, como los cauces de los torrentes que se desbordan y se secan, 16turbios por el hielo derretido, crecidos con la nieve oculta, 17pero en la estación seca se desvanecen; cuando llega el calor, desaparecen de su lugar. 18Las caravanas se apartan de sus caminos; suben al páramo y perecen. 19Las caravanas de Temá buscan agua; los viajeros de Sabá esperan encontrarla. 20Quedan avergonzados porque habían confiado; llegan al lugar y quedan defraudados. 21Ahora también ustedes se han vuelto nada; ven algo espantoso y tienen miedo. 22¿Acaso he dicho alguna vez: “Denme algo”? ¿O: “Ofrezcan un soborno por mí de sus riquezas”? 23¿O: “Líbrenme de la mano del enemigo”? ¿O: “Redímanme del poder de los violentos”? 24Enséñenme, y me callaré; muéstrenme en qué he errado. 25¡Cuán dolorosas pueden ser las palabras sinceras! Pero ¿qué prueba en verdad su reprensión? 26¿Pretenden corregir meras palabras, tratando como viento el hablar de un hombre desesperado? 27Hasta echarían suertes sobre un huérfano y venderían a su propio amigo. 28Pero ahora, por favor, mírenme; jamás les mentiría en la cara. 29Recapaciten, se lo ruego; que no se cometa injusticia. Recapaciten, que mi justicia sigue en pie. 30¿Hay acaso maldad en mi lengua? ¿No puede mi boca discernir lo que es destructivo?»