Los amigos de Job enmudecen
Los tres amigos se dan por vencidos, y un joven llamado Eliú, que había estado escuchando todo el tiempo, estalla: enojado con Job por justificarse a sí mismo, enojado con los amigos por condenarlo sin tener respuesta. La sabiduría viene del aliento del Todopoderoso, dice, no de las canas.
32 1Entonces estos tres hombres dejaron de responder a Job, porque él era justo a sus propios ojos. 2Pero se encendió la ira de Eliú hijo de Baraquel el buzita, de la familia de Ram. Su ira se encendió contra Job, porque se justificaba a sí mismo más que a Dios. 3También se encendió su ira contra los tres amigos de Job, porque no habían hallado respuesta y, sin embargo, habían condenado a Job. 4Ahora bien, Eliú había esperado para hablar a Job, porque los otros eran mayores que él. 5Pero cuando Eliú vio que estos tres hombres no tenían nada que decir, se encendió su ira. 6Así que Eliú hijo de Baraquel el buzita tomó la palabra y dijo: «Yo soy joven en años, y ustedes son ancianos; por eso me contuve, temeroso de decirles lo que sé. 7Pensé: “Que hable la edad, y que los muchos años enseñen sabiduría”. 8Pero es el espíritu en la persona, el aliento del Todopoderoso, lo que da entendimiento. 9No son los viejos los que son sabios, ni los ancianos los que entienden lo que es justo. 10Por eso digo: escúchenme; yo también diré lo que sé. 11Miren, esperé sus palabras; presté oído a sus razones mientras buscaban qué decir. 12Les presté toda mi atención; pero ninguno de ustedes refutó a Job ni respondió a sus argumentos. 13Así que no digan: “Hemos hallado sabiduría; que Dios lo refute, no el hombre”. 14Job no ha dirigido sus palabras contra mí, y yo no le responderé con los argumentos de ustedes. 15Están consternados y no tienen más que decir; les han faltado las palabras. 16¿He de esperar, ahora que callan, ahora que están ahí de pie sin responder? 17Yo también diré lo mío; yo también diré lo que sé. 18Porque estoy lleno de palabras; el espíritu que hay en mí me apremia. 19Por dentro soy como vino que no tiene respiradero, como odres nuevos a punto de reventar. 20Tengo que hablar para hallar alivio; tengo que abrir mis labios y responder. 21No mostraré parcialidad hacia nadie, ni adularé a nadie; 22porque no sé adular; si lo hiciera, pronto me quitaría mi Hacedor.»