Jeremías es arrojado a la cisterna
Los oficiales llaman traición al mensaje de rendición que Jeremías trae de nuestro Padre y lo bajan a una cisterna de lodo para que muera de hambre. Ebed-melec el cusita apela al rey y lo saca con trapos y sogas. Sedequías vuelve a preguntar en secreto, se le ofrece la vida si se rinde, y no es capaz de aceptarlo.
38 1Sefatías hijo de Matán, Gedalías hijo de Pasur, Jucal hijo de Selemías y Pasur hijo de Malquías oyeron a Jeremías decir a todo el pueblo:
2«Así dice nuestro Padre: El que se quede en esta ciudad morirá por la espada, el hambre y la peste; pero el que se rinda a los babilonios vivirá y conservará su vida como botín. 3Así dice nuestro Padre: Ciertamente esta ciudad será entregada al ejército del rey de Babilonia, y él la tomará».
4Entonces los oficiales dijeron al rey: «Que este hombre sea condenado a muerte. Con tales palabras debilita las manos de los soldados que quedan en esta ciudad y las de todo el pueblo. Este hombre no busca el bienestar del pueblo, sino su ruina».
5El rey Sedequías respondió: «Miren, él está en sus manos; el rey nada puede hacer contra ustedes».
6Tomaron entonces a Jeremías y lo echaron en la cisterna de Malquías, hijo del rey, que estaba en el patio de la guardia, y lo bajaron con sogas. En la cisterna no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.
7Pero Ebed-melec, el cusita, un oficial del palacio, oyó que habían metido a Jeremías en la cisterna. Y estando el rey sentado a la puerta de Benjamín, 8Ebed-melec salió del palacio y habló al rey, diciendo: 9«Mi señor el rey, estos hombres han hecho mal en todo lo que le han hecho a Jeremías el profeta, echándolo en la cisterna para que muera de hambre, pues ya no hay pan en la ciudad».
10Entonces el rey ordenó a Ebed-melec, el cusita: «Toma contigo de aquí a treinta hombres y saca de la cisterna a Jeremías el profeta antes de que muera».
11Ebed-melec tomó consigo a los hombres, entró en el palacio, en una sala debajo del tesoro, y de allí tomó trapos viejos y ropas gastadas, y se los bajó con sogas a Jeremías en la cisterna. 12Ebed-melec, el cusita, dijo a Jeremías: «Ponte ahora estos trapos viejos y ropas gastadas debajo de los sobacos, por debajo de las sogas». Y Jeremías lo hizo así. 13Sacaron a Jeremías con las sogas y lo subieron de la cisterna; y Jeremías se quedó en el patio de la guardia.
El rey escucha la palabra del Padre
14Entonces el rey Sedequías mandó traer a Jeremías el profeta, y lo hizo llevar a la tercera entrada de la casa de nuestro Padre. El rey dijo a Jeremías: «Voy a preguntarte una cosa; no me ocultes nada».
15Jeremías respondió a Sedequías: «Si te lo digo, ¿acaso no me matarás? Y si te doy consejo, no me escucharás».
16Pero el rey Sedequías juró en secreto a Jeremías: «Vive nuestro Padre, que nos dio esta vida, que no te mataré ni te entregaré en manos de estos hombres que buscan tu vida».
17Entonces Jeremías dijo a Sedequías: «Así dice el Padre de los ejércitos del cielo, el Padre de Israel: Si te rindes a los oficiales del rey de Babilonia, tu vida será perdonada, esta ciudad no será quemada con fuego, y vivirás tú y tu casa. 18Pero si no te rindes a los oficiales del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada a los babilonios, que la quemarán, y tú no escaparás de sus manos».
19El rey Sedequías dijo a Jeremías: «Tengo miedo de los judíos que se han pasado a los babilonios; no sea que me entreguen en sus manos y me maltraten».
20Jeremías respondió: «No te entregarán. Obedece, te ruego, la voz de nuestro Padre en lo que yo te digo, para que te vaya bien y tu vida sea perdonada. 21Pero si te niegas a rendirte, esta es la palabra que nuestro Padre me ha mostrado:
22»¡Mira! Todas las mujeres que han quedado en el palacio del rey de Judá serán llevadas a los oficiales del rey de Babilonia, y ellas dirán: “Tus amigos de confianza te engañaron y te vencieron; tus pies se hundieron en el lodo, y ellos te dieron la espalda”.
23»Todas tus mujeres y tus hijos serán llevados a los babilonios, y tú no escaparás de sus manos, sino que serás apresado por el rey de Babilonia, y esta ciudad será quemada con fuego».
24Entonces Sedequías dijo a Jeremías: «Que nadie sepa de esta conversación, y no morirás. 25Si los oficiales oyen que he hablado contigo y vienen a ti diciendo: “Dinos qué le dijiste al rey y qué te dijo el rey; no nos ocultes nada, y no te mataremos”, 26diles entonces: “Yo le suplicaba al rey que no me hiciera volver a la casa de Jonatán para morir allí”».
27Todos los oficiales vinieron a Jeremías y lo interrogaron, y él les respondió exactamente como el rey le había ordenado. Así que lo dejaron en paz, pues la conversación no había sido oída. 28Y Jeremías se quedó en el patio de la guardia hasta el día en que Jerusalén fue tomada. Y así estaban las cosas cuando Jerusalén cayó.