Nuestro Padre advierte por medio de Jeremías
El ejército de Egipto aparta a los babilonios y Jerusalén se ilusiona; Jeremías trae la palabra de nuestro Padre: volverán y quemarán la ciudad. Al salir por un asunto de familia, lo apresan como desertor, lo golpean y lo encarcelan. Sedequías le pide en secreto una palabra, recibe una dura y le concede pan.
37 1Sedequías hijo de Josías reinó en lugar de Conías hijo de Joacim, a quien Nabucodonosor rey de Babilonia había puesto por rey en la tierra de Judá. 2Pero ni él, ni sus siervos, ni el pueblo de la tierra prestaron atención a las palabras de nuestro Padre que habló por medio del profeta Jeremías.
3El rey Sedequías envió a Jucal hijo de Selemías y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías a decir al profeta Jeremías: «Te rogamos que ores por nosotros a nuestro Padre».
4Jeremías aún andaba libre entre el pueblo, pues todavía no lo habían metido en la cárcel. 5El ejército del faraón había salido de Egipto; y cuando los babilonios que sitiaban a Jerusalén lo oyeron, se retiraron de Jerusalén.
6Entonces vino la palabra de nuestro Padre al profeta Jeremías, diciendo:
7Así dice nuestro Padre de Israel: Digan al rey de Judá que los envió a consultarme: He aquí que el ejército del faraón que había salido en su ayuda se vuelve a su tierra, a Egipto. 8Y los babilonios volverán y combatirán contra esta ciudad, la tomarán y la incendiarán.
9Así dice nuestro Padre: No se engañen a sí mismos, diciendo: «Ciertamente los babilonios se apartarán de nosotros»; porque no se apartarán. 10Pues aunque derrotaran a todo el ejército de los babilonios que pelea contra ustedes, y solo quedaran de ellos hombres heridos en sus tiendas, estos se levantarían e incendiarían esta ciudad.
Jeremías arrestado y encarcelado
11Y sucedió que, cuando el ejército de los babilonios se retiró de Jerusalén a causa del ejército del faraón, 12Jeremías salió de Jerusalén hacia la tierra de Benjamín, para reclamar allí su parte en medio del pueblo. 13Pero al llegar a la puerta de Benjamín, el capitán de la guardia, llamado Irías hijo de Selemías, hijo de Hananías, prendió al profeta Jeremías, diciendo: «¡Tú te pasas a los babilonios!».
14Jeremías dijo: «¡Mentira! Yo no me paso a los babilonios». Pero Irías no le hizo caso, sino que prendió a Jeremías y lo llevó ante los jefes.
15Y los jefes se enojaron contra Jeremías, lo azotaron y lo encarcelaron en la casa del escriba Jonatán, que habían convertido en prisión.
16Así entró Jeremías en el calabozo, en las celdas abovedadas, y allí permaneció muchos días. 17Entonces el rey Sedequías mandó traerlo, y el rey lo interrogó en secreto en su palacio, y le preguntó: «¿Hay alguna palabra de nuestro Padre?». «La hay», dijo Jeremías. Y añadió: «Serás entregado en manos del rey de Babilonia».
18Además Jeremías dijo al rey Sedequías: «¿En qué he pecado contra ti, contra tus siervos o contra este pueblo, para que me hayas puesto en la cárcel? 19¿Y dónde están ahora sus profetas que les profetizaban, diciendo: “El rey de Babilonia no vendrá contra ustedes ni contra esta tierra”? 20Ahora pues, escúchame, te ruego, oh rey, mi señor; llegue mi súplica delante de ti, y no me hagas volver a la casa del escriba Jonatán, para que no muera allí».
21Entonces el rey Sedequías dio orden, y pusieron a Jeremías en el patio de la guardia, y le daban diariamente una torta de pan de la calle de los panaderos, hasta que se acabó todo el pan de la ciudad. Y así permaneció Jeremías en el patio de la guardia.