Nuestro Padre responde a la súplica de Sedequías
El rey Sedequías envía mensajeros esperando un milagro contra Babilonia. La respuesta es lo contrario de un milagro: nuestro Padre peleará contra su propia ciudad. Se ponen dos caminos delante del pueblo: morir dentro de los muros, o rendirse y vivir. La casa real debe juzgar con justicia.
21 1Palabra que vino a Jeremías de parte de nuestro Padre cuando el rey Sedequías le envió a Pasur hijo de Malquías y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías, diciendo: 2«Consulta, te rogamos, a nuestro Padre por nosotros, porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, nos ataca. Quizá nuestro Padre obre con nosotros conforme a todas sus maravillas, y así el enemigo se aparte de nosotros.»
3Entonces Jeremías les dijo: «Decid esto a Sedequías:
4Así dice el Padre de Israel: “He aquí, voy a hacer que retrocedan las armas que tenéis en vuestras manos, con las que combatís contra el rey de Babilonia y contra los babilonios que os sitian fuera del muro, y las reuniré en medio de esta ciudad. 5Yo mismo pelearé contra vosotros con mano extendida y brazo fuerte, con ira, furor y gran indignación. 6Heriré a los habitantes de esta ciudad, tanto a los hombres como a los animales; de una gran plaga morirán. 7Y después, declara nuestro Padre, entregaré a Sedequías, rey de Judá, a sus siervos y al pueblo que quede en esta ciudad de la plaga, de la espada y del hambre, en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, en mano de sus enemigos que buscan su vida. Y él los herirá a filo de espada: sin piedad, sin clemencia, sin compasión.”
8Y a este pueblo dirás lo que dice nuestro Padre: He aquí, pongo delante de vosotros el camino de la vida y el camino de la muerte. 9El que se quede en esta ciudad morirá por la espada, por el hambre y por la plaga; pero el que salga y se rinda a los babilonios que os sitian vivirá, y su vida le será por botín. 10Porque he puesto mi rostro contra esta ciudad para mal, y no para bien, declara nuestro Padre. Será entregada en mano del rey de Babilonia, y él la quemará con fuego.
La palabra de nuestro Padre a la casa de David
11Y a la casa real de Judá dirás: Oíd la palabra de nuestro Padre.
12Casa de David, así dice nuestro Padre: Juzgad con justicia cada mañana, y librad al despojado de mano del opresor, no sea que mi ira estalle como fuego, y arda sin que nadie la apague, a causa de la maldad de vuestras obras. 13He aquí, yo estoy contra ti, tú que habitas por encima del valle, tú, roca de la llanura, declara nuestro Padre; vosotros que decís: “¿Quién podrá descender contra nosotros? ¿Quién podrá entrar en nuestras moradas?” a a v13 Jerusalén se asentaba sobre una elevada cresta por encima de los valles que la rodeaban, lo cual daba a sus habitantes una falsa confianza de que la ciudad era inexpugnable. 14Yo os castigaré conforme al fruto de vuestras obras, declara nuestro Padre. Encenderé un fuego en su bosque, que devorará todo cuanto la rodea.»