Ciro, llamado por su nombre
Un rey extranjero que no conoce al Padre es llamado por su nombre y enviado a liberar a los exiliados sin pago alguno. Quienes objetan son barro discutiendo con el alfarero. Luego la invitación se amplía: volveos a mí, todos los confines de la tierra.
45 1Así dice nuestro Padre a su ungido, a Ciro, cuya mano derecha he tomado para sujetar naciones delante de él y desatar los lomos de los reyes, para abrir puertas delante de él, y las puertas no se cerrarán: a a v1 Ciro, el rey persa, es el único gobernante extranjero al que la Escritura llama «ungido» de nuestro Padre: escogido como su instrumento para librar a Israel del exilio, no el Mesías prometido. 2Yo iré delante de ti y allanaré los montes; haré pedazos las puertas de bronce y cortaré los cerrojos de hierro. 3Te daré los tesoros de las tinieblas y las riquezas guardadas en lugares secretos, para que sepas que yo soy el Padre de Israel, que te llama por tu nombre. 4Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; te di un título de honor, aunque no me conocías. 5Yo soy el Padre, y no hay otro; fuera de mí no hay ninguno. Yo te ciño para la batalla, aunque no me conocías, 6para que se sepa, desde donde nace el sol hasta donde se pone, que no hay ninguno fuera de mí. Yo soy el Padre, y no hay otro. 7Yo formo la luz y creo las tinieblas, yo hago el bienestar y creo la calamidad; yo soy el Padre, que hago todas estas cosas. b b v7 La palabra aquí traducida «calamidad» significa desastre o adversidad —lo opuesto al bienestar nombrado junto a ella—, no el mal moral. Nuestro Padre gobierna toda circunstancia, aun las dolorosas. 8Destilad, oh cielos, desde lo alto, y derramen las nubes la justicia; ábrase la tierra, para que fructifique la salvación y brote juntamente la justicia. Yo, el Padre, lo he creado. 9¡Ay del que contiende con su Hacedor, un tiesto entre los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo forma: «¿Qué haces?», o: «Tu obra no tiene asas»? c c v9 Una vasija sin asas se consideraba defectuosa e inútil: no se podía levantar ni verter con ella. 10¡Ay del que dice a un padre: «¿Qué engendras?», o a una mujer: «¿Qué das a luz?»! 11Así dice el Santo de Israel —nuestro Padre— y el que lo formó: ¿Me preguntaréis acerca de mis hijos, y me daréis órdenes sobre la obra de mis manos? 12Yo hice la tierra y creé sobre ella al hombre. Mis manos extendieron los cielos, y a todo su ejército di órdenes. 13Yo lo he despertado en justicia, y enderezaré todos sus caminos. Él reedificará mi ciudad y dejará libres a mis desterrados, no por precio ni por recompensa, dice el Padre de los ejércitos del cielo.
14Nuestro Padre dice: La riqueza de Egipto y las mercaderías de Cus, y los sabeos, hombres de gran estatura, se pasarán a ti y serán tuyos; te seguirán, pasando en cadenas. Se inclinarán ante ti y te suplicarán, diciendo: «Ciertamente Dios está en ti, y no hay otro; no hay ninguno fuera de él».
15Verdaderamente tú eres un Padre que se ha escondido, el Padre de Israel, el Salvador. 16Todos ellos son avergonzados y afrentados; los que fabrican ídolos se van juntos en confusión. 17Pero Israel es salvado por nuestro Padre con salvación eterna; no seréis avergonzados ni afrentados por toda la eternidad.
18Porque así dice el Padre, que creó los cielos —¡él es el Padre!—, que formó la tierra y la hizo; él la estableció. No la creó vacía; la formó para ser habitada: Yo soy el Padre, y no hay otro. 19No hablé en secreto, en un lugar de tierra de tinieblas; no dije a los descendientes de Jacob: «Buscadme en vano». Yo, tu Padre, hablo lo que es recto; declaro lo que es verdadero. 20¡Reuníos y venid; acercaos, vosotros los sobrevivientes de las naciones! No tienen conocimiento los que llevan a cuestas sus ídolos de madera y siguen orando a un dios que no puede salvar. 21Declarad y presentad vuestra causa; que se consulten juntos. ¿Quién anunció esto desde tiempos antiguos y lo declaró desde la antigüedad? ¿No fui yo, el Padre? No hay otro fuera de mí, un Padre justo y un Salvador; no hay ninguno fuera de mí. 22¡Volveos a mí y sed salvos, todos los confines de la tierra! Porque yo soy el Padre, y no hay otro. 23Por mí mismo he jurado; de mi boca ha salido palabra en justicia que no será revocada: Ante mí se doblará toda rodilla, toda lengua jurará lealtad. d d v23 Pablo aplica este versículo a Jesús en Filipenses 2:10-11: ante el nombre de Jesús se dobla toda rodilla y toda lengua confiesa que Jesucristo es el Señor, para la gloria de nuestro Padre. Lo que nuestro Padre juró por su propio nombre, lo ha compartido con su Hijo. 24De mí se dirá: «Solo en Dios hay justicia y fuerza». A él vendrán todos los que se enfurecían contra él, y serán avergonzados. 25En nuestro Padre serán justificados todos los hijos de Israel, y en él se gloriarán.