Un regalo de Babilonia
Halagado por los enviados de Babilonia, Ezequías les muestra todo lo que posee. Isaías trae la palabra de nuestro Padre: todo ello, y sus hijos, acabarán en Babilonia. Ezequías llama buena esa palabra, porque la pérdida llegará después de su vida. Esa respuesta queda en pie sin comentario.
39 1En aquel tiempo Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y un regalo a Ezequías, al enterarse de que había estado enfermo y se había recuperado. 2Ezequías los recibió con alegría y les mostró la casa de su tesoro: la plata, el oro, las especias, el aceite fino, todo su arsenal, todo lo que había en sus depósitos. No hubo nada en su casa ni en su reino que Ezequías no les mostrara. 3Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías y le preguntó: «¿Qué dijeron estos hombres, y de dónde vinieron a ti?». Ezequías respondió: «De una tierra lejana, de Babilonia».
4Isaías le preguntó: «¿Qué han visto en tu casa?». Ezequías respondió: «Vieron todo lo que hay en mi casa. No hubo nada en mis depósitos que no les mostrara».
5Entonces Isaías dijo a Ezequías: «Oye la palabra del Padre de los ejércitos del cielo:
6Vienen días en que todo lo que hay en tu casa, todo lo que tus antepasados han atesorado hasta hoy, será llevado a Babilonia. Nada quedará, dice nuestro Padre. 7Y algunos de tus propios hijos, tus propios descendientes, serán tomados para servir como funcionarios en el palacio del rey de Babilonia».
8Entonces Ezequías dijo a Isaías: «Buena es la palabra de nuestro Padre que has hablado». Pues pensó: «Habrá paz y seguridad en mis días».